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Encabezado del especial de Guayaquil
 
BARRIOS DE MI CIUDAD
 

Ciudadela Alborada

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 Archivo / EL UNIVERSO
Locales de distracción nocturna ubicados en esta ciudadela.

Corría 1976 cuando Julio Rodríguez Castañeda decidió levantar en el garaje de su casa un pequeño restaurante, La Jungla, era el primer negocio de ‘la calle principal de la Alborada’, como se llamaba en aquel entonces a la actual vía Rodolfo Baquerizo Nazur.

La ciudadela apenas contaba con dos etapas y esta calle prácticamente las separaba con un ancho parterre en el centro, en el que tenían poco tiempo de sembrados algunos samanes. Por ahí la rutina familiar consistía en realizar paseos nocturnos, eran los inicios de este nuevo Guayaquil, lejano del centro de la ciudad y que tenía solo una línea de bus como transporte, la 14A.

Ha pasado más de cuarto de siglo y el panorama cambió radicalmente. La vía de cuatro carriles se convirtió en una de ocho, los sacrificados fueron los samanes que ya lucían robustos, la calle dejó de ser habitable y se convirtió en comerciable. Las villas se vendieron poco a poco, su lugar lo ocuparon otras infraestructuras con todo tipo de negocios: mueblerías, restaurantes, florerías y las grandes casas comerciales de electrodomésticos que se tomaron la acera este y ocupan casi tres cuadras.

 Miguel Canales para EL UNIVERSO
El centro comercial Plaza Mayor es uno de los primeros en la ciudad de Guayaquil.

Pocas, muy pocas casas quedan en el sector, entre esas la de Julio Rodríguez, que con 72 años mantiene -detenida en el tiempo- a La Jungla y sigue pensando en cómo mejorarla. Obviamente ya no vende guanta, saíno y venado, platos que lo distinguieron hace 20 años, pero piensa en diversificar su especialidad hacia los productos ahumados.

En la intersección con la calle José María Roura se enfrentan los pequeños negocios (Albocentro 1) con el supercomercio (Mi Comisariato), mientras que Plaza Mayor da un toque de arte al pie de la Rodolfo Baquerizo, que se vuelve más convulsionada. Son un choclo gigante, una manzana y unos peces bajo un tren volador, coloridas esculturas del extinto artista Gonzalo Endara Crow.

Un grupo de informales sobrevive en las aceras que les deja el Banco del Pacífico y el supermercado El Conquistador, en la intersección con José María Egas. La mercadería, de las más diversa índole, está sobre grandes franelas rectangulares que tienen las puntas atadas con piolas.

Hacia el norte, después de pasar la iglesia católica, en plena ampliación, la vía parece dormir, muchos negocios son nocturnos: bares, peñas, discotecas y restaurantes que se ubican en los albocentros 3 y 5 están con las cortinas metálicas cerradas, mientras un letrero inmenso advierte que es prohibido ingerir bebidas alcohólicas en la vía pública. (*Texto de Víctor Vera)

 Carlos Barros / EL UNIVERSO
El artista Joaquín Serrano pintó los murales en la octava etapa de la Alborada.

Hasta hace pocos meses las carretillas de todo tipo de comida se apoderabaan de las aceras, pero una resolución municipal eliminó la mayoría de estos lugares de expendio.

En la misma zona de la ciudadela Alborada, donde hay 14 etapas, se encuentra la avenida Francisco de Orellana, que tiene diez carriles (cinco en cada sentido). Su ancho es de 57 metros y su longitud es de 9.400 metros.

La avenida, calificada por los constructores como la vía urbana más grande del país, comunica a la ciudadela Alborada con la vía Perimetral, a la altura de Pascuales.

Dos pasos elevados forman parte de la vía, ubicados sobre las avenidas Agustín Freire y Benjamín Carrión.

Evelyn Aguirre, una joven estudiante recuerda que llegó a vivir en la Alborada al cumplir 15 años, hace apenas 3, "pero conocía desde hace años cuando mi familia vino aquí a la XII etapa. Era muy bonita, calmada, no había tanto movimiento como ahora, era más residencial".

 Omar Sotomayor para EL UNIVERSO
Intersección en la calle Rodolfo Baquerizo, a la altura de la cuarta etapa de la Alborada.

Evelyn resalta que ahora hay mucho tráfico, lugares de comidas, tiendas, bancos, un montón de negocios; "mi familia también decidió poner una despensa, que es muy visitada, porque esta zona (Vernaza y Guayaquil) es muy transitada, tenemos muchos clientes".

Los habitantes de la Alborada coinciden en lo magnífico de ser una ciudadela tan grande, porque no solo es bonita sino que hay variedad de negocios para escoger, parques para visitar y con la gran oferta de transportes es muy fácil salir de un lado a otro de la ciudad.

Mientras tanto, Paúl y Jonathan Arreaga, junto a Patricio Pérez, disfrutan de la resbaladera del parque de la séptima etapa de la Alborada.

Karla y su hermana Melissa Menéndez, junto a sus vecinos Sara Castro, Andrea Mendoza y Manuel Sarmiento, se divierten en los columpios, resbaladera, sube y baja y hasta en el pasamanos recién colocados en el parque, manzanas 730, 734, 735 y 738, de la séptima etapa de la ciudadela Alborada.

El lugar, recién adecentado con plantas ornamentales, bancos, jardineras y adoquines, lució con globos y serpentinas a semejanza de los blanco y celeste de la bandera de Guayaquil.

Pero la Alborada no es solo villas y parques que albergan al menos a 500 mil personas, también hay varios centros comerciales como La Rotonda, Plaza Mayor, los 5 Albocentros. Además, cuenta con varias clínicas, entre las que destaca Kennedy de la Alborada. Muchos centros educativos y clubes para recreación.

 
 
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