La fiebre del Crossfit

La fiebre es un fenómeno patológico que se manifiesta por la elevación de la temperatura normal del cuerpo y mayor frecuencia del pulso y la respiración. Eso es lo que sucede en el organismo de aquellos que practican Crossfit, una fiebre que augura convertirse en epidemia en Guayaquil.

CrossFit es un sistema de entrenamiento basado en ejercicios funcionales practicados con alta intensidad. Entrenadores certificados coinciden en que este sistema promueve diez componentes: resistencia cardiorespiratoria, resistencia muscular, fuerza, flexibilidad, potencia, velocidad, coordinación, agilidad, equilibrio y precisión.

También es una marca registrada, propiedad del norteamericano Greg Glassman, exgimnasta y entrenador del departamento de Policía de Santa Cruz, California, y su esposa Lauren, quienes oficializaron el nombre y las rutinas en el 2001; pero ya lo practicaban desde 1995.

Con un lenguaje propio y competencias nacionales e internacionales, esta rutina exige disciplina y un cambio del estilo de vida que lleva a los practicantes a sentirse parte de una comunidad.

La comunidad CrossFit en Guayaquil inició con un hombre, Carlos Andrade Salazar, quien es nutricionista, entrenador CrossFit certificado y dueño del primer box (como se llama al espacio de entrenamiento) de la ciudad.

CrossFit Guayaquil inició hace unos cinco años, en la ciudadela La Garzota, en el norte de la ciudad. Hoy, tiene alrededor de 400 inscritos y nueve boxes más como competencia, entre ellos: Maori, Horda, Amaru CrossFit, Raza CrossFit, Kallpa, este último ubicado en Samborondón.

Con diez centros de entrenamiento y un promedio de 300  inscritos en cada uno, podemos decir que en Guayaquil alrededor de 3.000 personas practican CrossFit. Tanta es la fiebre que ya se organizan torneos nacionales bajo los parámetros internacionales que dicta esta práctica.

Nelly Rodríguez, campeona regional CrossFit 2010 y dueña del box Horda, relata que inició en CrossFit para bajar de peso, después de haberlo intentado en gimnasios tradicionales y no conseguir resultados. Escéptica de que una rutina de 20 minutos le ayude a bajar de peso inició en el 2008. Practicó una semana y lo dejó. Volvió el 25 de mayo del 2009, más decidida. Logró completar dos semanas, que ahora ella lo llama iniciación, porque “si aguantas dos semanas, te quedas en CrossFit”, asegura.

Tras esa iniciación, Nelly no ha dejado de practicar CrossFit. Es abogada en el día y ‘crossfitera’ en la noche. En septiembre del 2011 ella y su esposo, Fernando Moreira, también entrenador CrossFit, decidieron abrir su propio box. Horda es el nombre del primer grupo social de la humanidad que se reunió para luchar contra las fuerzas de la naturaleza, para cazar, combatir a las fieras y recolectar frutos, describe.

Otro box que busca identificarse con las prácticas de ciertas comunidades primitivas es Maori, ubicado en el norte de la ciudad. Su nombre evoca a la tribu polinesia Maorí, cuyas formas de subsistencia se remotan a la era donde la caza, la pesca y la recolección, y para ello mantener un estado físico óptimo era indispensable.

Federico Quiroz, Eli Jácome y Nelson Barriga son los socios propietarios de Maori. Federico confiesa que nunca había practicado ningún deporte, que todo le parecía repetitivo y aburrido. Ahora se considera un atleta. Eli sí era un deportista, nadaba y se ejercitaba con pesas, pero tras la insistencia de un amigo conoció el sistema CrossFit y su espíritu competitivo encajó a la perfección, relata.

Cansado del tráfico que tenía que atravesar para llegar al box donde practicaba, decidió instalar uno cerca de su casa, junto con sus socios. Maori nació en octubre del 2010, con Nelson como entrenador principal.

Nelson practicaba halterofilia, hasta que lo invitaron a probar CrossFit. Ahora su vida gira alrededor de esta rutina. Decidió estudiar nutrición y competir dentro de este ya llamado deporte.

Los ‘crosfiteros’, hombres y mujeres, parecen siempre querer más. Durante las rutinas, sus rostros se arrugan, se escuchan gruñidos mientras pujan para alzar las pesas, para completar las flexiones de pecho, las barras, las sentadillas, abdominales o cualquier otro movimiento que forme parte del WOD (rutina de entrenamiento), pero quieren más. Más sudor, más fiebre, quieren contagiar, quieren que el CrossFit sea una epidemia.

La vida fuera del box

La fiebre del CrossFit se expande fuera del lugar de entrenamiento. Como los instructores lo consideran un deporte, esto incluye un tipo de alimentación específica y unas prácticas definidas. No son obligación, pero si se quiere mejorar el rendimiento es aconsejable que lo tomen en cuenta, dicen.

Reducir el alcohol y el cigarrillo, coinciden los entrenadores. Llevar una dieta paleolítica, es recomendable. En la era paleolítica los humanos comían aquello que podían cazar o recoger, explica Nelson, de Maori. Ellos intentan imitar esas prácticas alimenticias, sin cazar por supuesto.

La chef Ángeles Chavarría, distribuye este tipo de dieta, explica que el menú paleolítico se basa en la productos no procesados: la carne, las frutas y la grasa animal; y elimina los alimentos procesados como los granos, la harina y el azúcar.

“El 70% del rendimiento físico depende de la alimentación. Si decimos que somos lo que comemos, entonces comemos carne, que es fibra, para que nuestro cuerpo tome esa forma; si comemos arroz o harina, que es un almidón, nuestro cuerpo toma esa forma y absorbe la grasa y los líquidos”, comenta Ángeles.

Las empresas que ofrecen dietas paleo, promueven platos donde predominan las grasas de origen animal, las ensaladas y, por supuesto, la carne, en grandes cantidades.

Opiniones encontradas

El CrossFit lesiona. El CrossFit es solo para tener músculos. El CrossFit solo es para atletas, son los llamados “mitos” que los mismos entrenadores mencionan. “El CrossFit es para todo el mundo, pero no para cualquiera”, dice Nelly, quien desborda intensidad mientras habla. Ella se refiere a que aunque este sistema de entrenamiento pueden practicarlos niños y ancianos, se necesita una actitud de romper récords, de superar sus propias expectativas.

“Cualquier deporte trae consigo el riesgo de lesionarse”, dice Nelson. En los box, además de las pesas, hay tubos de PVC para los principiantes. Los entrenadores coinciden en que CrossFit es un sistema escalable; es decir, nunca se deja de avanzar. Cuando uno llega al box, primero practica las técnicas, los movimientos, y lo hace con tubos y no con pesas, porque si lo hace sin la debida técnica, ahí sí puede lesionarse.

Nelly cuenta que las personas se lesionan el fin de semana, cuando van a jugar fútbol y alguien los golpea o se chocan, pero no en el box, donde siempre están vigilados por el entrenador.

Pese a las diferentes opiniones, en los box se ven desde niños hasta personas de la tercera edad, todos alentándose los unos a los otros, queriendo superarse a sí mismos. Actualmente hay más de 40 países afiliados a CrossFit, torneos nacionales, regionales y mundiales. Alrededor de la actividad se generan productos que promueven un estilo de vida específico, donde la vestimenta, la alimentación y la actitud tienen un papel que denota integración y compromiso. La fiebre del CrossFit eleva la temperatura, acelera el pulso y la respiración, pero no es una enfermedad, aunque podría llegar a ser un vicio.