Romper barreras para ser madres

Sentir sus latidos, sus pataditas y sus movimientos dentro de ti. Sentir que en tu vida hay otra vida que va creciendo, abriéndose espacio. Imaginar su rostro, sus manitos, sus pies; querer tocarlo, abrazarlo, sentirlo, hasta ya no saber quién depende de quién. Es el despertar a un sentimiento desconocido hasta ese momento, y descubrirte mamá.

La maternidad, ese estado esperado por muchas mujeres que han programado su vida (estudios, profesión, trabajo, pareja, niños), puede verse afectada para algunas de ellas por diversas razones; pero en ese largo camino otras han optado por romper esquemas e ir más allá. Han buscado asistencia reproductiva, una decisión cuestionada por unos y defendida por otros.

Clara y Nancy (nombres protegidos) son dos de los varios casos que se presentan anualmente en los centros de fertilidad y reproducción de Guayaquil. Viven en diferentes ciudades, son profesionales con trabajo estable y pasan de los 35 años. Optaron por la asistencia reproductiva.

Una por fecundación in vitro y la otra inseminación, pero ambas lograron quedar embarazadas por cuenta propia y sin depender de la decisión de un compañero.

Nancy programó su vida para ir paso a paso (estudio, trabajo, pareja, hijos), pero no lograba realizarse como madre. Tuvo una hija que falleció. Al formalizar una relación con su pareja él dijo que no quería hijos, y después de esperar sin conseguir que lo desee tanto como ella, se alejaron. Intentó adoptar pero el bebé no llegaba porque había más personas que también querían ser padres.

El tiempo ha pasado y ese deseo de ser madre, inherente al ser mujer, la necesidad de dar afecto y protección, anhelar que le digan mamá y la proximidad del fin del ciclo reproductivo, la llevaron a consultar otras opciones. Se enteró de los métodos de reproducción asistida.

Ahora debía tomar una decisión. Esta se debatía entre el inmenso amor para dar que tiene en su interior, el deseo de que le digan mamá, y los cuestionamientos de quienes rechazan la idea por considerarla diferente a las bases en las que se asienta la familia, como el fruto de la unión entre un hombre y una mujer.

En ese debate interno descubrió que otras mujeres habían recurrido al banco de semen del Instituto de Biomedicina Reproductiva de Guayaquil (Ibmer). “Hay una persona que ya está embarazada y que tomó esta decisión… otras personas han adoptado, hay diferentes formas de realizarse; entonces, no me siento así como algo como un tabú. Es algo hermoso (ser madre)”, expresa.

¿Derecho u obligación?

Los tratamientos de reproducción asistida van orientados a las características clínicas de cada paciente, con ciertos tipos de exámenes.

Cada vez más las mujeres están buscando menos a los hombres para lograr la maternidad. No es que quieren ser madres sin ir por la vía natural, sino que cada vez más las mujeres tienen menos parejas disponibles para lograr un embarazo, explica la ginecóloga Patricia León, especialista de Ibmer.

“La maternidad está inherente en cada mujer, el problema básico es social. Cada vez veo una tendencia más bien a que haya menos vinculación del hombre y de la mujer hacia formar familia. Hay un cierto porcentaje de hombres y mujeres que no está dispuesto a tomar la responsabilidad que significa unirse a una pareja y formar una familia”,

La doctora Lily Márquez, médica ginecóloga y sexóloga de Ibmer, señaló que la maternidad no es una obligación, es un derecho y una responsabilidad que asumen sobre todo las mujeres, cuando ellas lo desean, y está amparado en la Constitución y en el tema de derechos de las mujeres.

El Estado garantiza a las personas “el derecho a tomar decisiones libres, responsables e informadas sobre su salud y vida reproductiva, y a decidir cuándo y cuántas hijas e hijos tener”, señala el numeral 10 del artículo 66, de Los Derechos de Libertad, de la Constitución del 2008.

Tomada la decisión y a un paso de cumplir los 40 años de edad, Nancy acudió al Instituto de Reproducción Asistida para hablar con los doctores. Optó por recurrir al banco de semen. Ahora está embarazada y próxima a realizar el sueño de ser madre.

Cuenta con el apoyo de su mamá, testigo de su dolor y carencia. “Ella ve ese deseo que yo tengo. Ella respeta mi decisión… está preocupada porque no es fácil”, indica. Aún no ha pensado cómo hablarle a su hijo o hija cuando, llegado el momento, tenga que decirle cómo fue concebido. Considera que se va a sentir bien porque ha sido esperado, deseado, amado.

La terapeuta familiar Marcela Pazmiño, de Sadhaka Corporations, considera que el que una persona tenga un deseo no significa que está obligado a cumplirse. “La naturaleza no está respondiendo ante lo natural de ser madre… Si la naturaleza esta diciendo que no, es no”, agrega.

Cuando se habla de derechos de las mujeres no es que se busca quitarle derecho a los hombres, sino de llegar a principios de igualdad y equidad que permitan construir una sociedad a partir de una célula familiar que trabaje bajo los mismos esquemas, indica la doctora Lily Márquez, de Ibmer.

“En ese sentido si un hombre tiene derecho a elegir una mujer con la que quiere tener un hijo o no… las mujeres también comienzan a decir yo quiero tener un hijo para compartirlo con un hombre que no encuentro, y comienzan a explorar esa opción en la sociedad”, agrega Márquez.

Conflictos

Son pocas las mujeres solas que se acercan a solicitar la reproducción asistida, generalmente con un nivel socioeconómico y cultural de medio alto a alto.

Las mujeres que deciden tener hijos por este método de concepción alternativo deben pasar por un proceso psicológico, y abrir los ojos a la otra realidad desconocida, que es el padre donante, señala el doctor Óscar Nieto, terapeuta familiar.

A un hijo que nace de este tipo de métodos siempre le va a quedar abierta la pregunta sobre quién es su padre y dónde está, y con ella un sinnúmero de conflictos, de personalidad, emocionales, de relación, de capacidad o incapacidad de amar, de enfermedades físicas, explica Nieto.

Para superar esta etapa mediante métodos sicoterapéuticos no ortodoxos se hace que el niño y la madre comiencen reconociendo que detrás del embarazo hay un hombre que puso la mitad de su ser en la concepción, aún cuando sea un desconocido, agrega.

Realización

En los últimos años se ha notado más presión social, considera la doctora León, especialista de Ibmer. “Hay más mujeres sin pareja que se acercan a solicitar el procedimiento de reproducción asistida para satisfacer sus necesidades de maternidad”. Este se incrementó en los últimos tres o cuatro años, agregó.

Clara, quien al ver a sus sobrinos solo ahondaba su deseo de ser madre, prefirió no dejar pasar más tiempo, por su edad (35 años). Es profesional, con un trabajo estable, pero le faltaba lo más importante. Llegó a Ibmer en busca de ayuda para llegar a su mayor realización: su bebé.

Optó por llevar al donante. “Me mandan a hacer unos exámenes que duelen la vida para ver cómo están los ovarios… mandan medicamentos para que los óvulos crezcan y tengan una proporción indicada, e inyectan el esperma”. De ahí en adelante se sigue todo el proceso de gestación, dijo.

Con la bebé, de más de un año, expresa que lo más hermoso que una mujer puede sentir es ser mamá. El sentimiento supera sus expectativas. Cree que si se hubiese propuesto tener a su hija más joven la hubiese disfrutado más; no obstante, este es el mejor momento porque es a esta edad en que se siente realizada profesionalmente, y con la capacidad de darle una mejor educación a la niña.

Ha recibido el apoyo de sus padres y hermanos, y planea educar a su hija en valores, con buen corazón. Llegado el momento, espera decirle su verdad y lo deseado que fue su nacimiento.

El psicólogo y terapeuta Óscar Nieto enfatizó en la importancia del padre y la madre en la vida de los hijos, en la importancia de que ambos estén juntos en el corazón de los niños para que puedan salir a la vida, tener fuerza, llegar y tomar el mundo, vivir, amar, estar sanos y equilibrados.

Un padre, una madre

El alma de los hijos mira desde el inconsciente al padre y la madre, y ningún hombre (abuelo, tío, padrasto o padrino) puede suplir ese rol, señala el doctor Nieto.

“Ser padre no es una condición moral sino una condición biológica vital. El ser padre pone al hombre en el lugar de la biofilia, es decir, en el lugar del amor a la vida. “Dar la vida es un acto sublime, trascendente… porque quién puso el semen sino un hombre, que cuando concibe el óvulo de la mujer se convierte en padre, aún cuando no lo sepa”, señala Nieto.

Consuelo Cortez, comunicadora, casada, sin hijos, respeta la decisión que toman varias mujeres solas para cumplir su sueño de ser madres, pero no lo comparte. Sigue creyendo en lo enseñado por sus padres y la escuela: “la familia es el núcleo de toda sociedad. La presencia del padre es tan fundamental como la de la madre”.

No deja de desconocer que hay hogares disfuncionales, casos de maltratos y abuso, pero cree que antes de preocuparse por lo bueno o malo que podría resultar un hombre como compañero, esposo y padre, habría que pensar en escogerlo bien. “No solo con el corazón, sino con la cabeza”, dice Consuelo, quien pasa de los 40 años.

Si se trata de no depender o de no compartir con un hombre la crianza de los hijos, entonces hay que prepararse para no solo criarlos bien, con cariño, cuidados, y lo necesario para mantenerlos, sino para darle las respuestas adecuadas a la ausencia de un padre. “Ellos querrán saber de sus orígenes y raíces, de sus vínculos paternos. Lo que se les diga tiene que estar bien orientado”, dice.

Odila Gaybor y Lorena Salas (nombre protegido), solteras y a punto de entrar a los cuarenta, sí contemplan la posibilidad de ir a un banco de semen, si llegado el momento no logran encontrar a la pareja con la que desean tener un hijo o si esa persona no comparte el mismo deseo de ellas.

“Es preferible, porque ahora con los hombres no hay nada seguro”, indica Odila, de 39 años, licenciada en Comercio Exterior. Explica que si va a estar sola teniendo un hijo con alguien que no lo va a desear ni a responder como padre, no le va a dar amor, “es preferible no conocer al padre”.

Aunque Odila tiene familia, señala que la decisión sería solo de ella porque es su cuerpo, su deseo y su anhelo. Enterada de la situación en otros países, refiere que en España la seguridad social apoya a la mujeres que buscan la asistencia reproductiva.

Lorena, de 40 años, abogada, consideró que el tema en Ecuador es un tabú, pero que en países como México, Estados Unidos, existe una mentalidad más abierta. Confiesa que llegado el momento, si no logra consolidar su vida sentimental, recurriría a este procedimiento. “Sobre todo porque a esta edad uno ya es profesional y sabe lo quiere… No tendría quién me reclame, ni temer porque me lo puedan quitar. Lo criaría sola”.

Explica que sería perfecto tener un hijo con el hombre que uno ama y con el que uno desea engendrarlo, pero muchas cosas podrían pasar con esa persona y “la espera te podría llevar hasta el momento en que ya no puedes ser madre porque tu ciclo reproductivo llegó a su fin; mientras que él, que sí puede tenerlo aún, lo busca con otra mujer”.

En lo que sí tiene sus dudas es con el donante, porque desconoce cómo lo escogen, su situación psicológica, algo que le dé seguridad de que la elección del donante es la mejor.

Los riesgos

Las muestras que están en el banco de semen de la Unidad de Fertilidad de la Clínica Alcívar son de donantes anónimos; estudiantes universitarios, que han calificado por su calidad de semen .

Solo al año, la Unidad de Fertilidad de la Clínica Alcívar recibe alrededor de 40, 50 o 60 muestras de semen. Se considera que una muestra de semen puede generar tantos embarazos de acuerdo a la población de la ciudad, señala Pedro Valdivieso, quien dirige la Unidad.

Ante la probabilidad de una unión entre personas que desconocen que son hermanos, las autoridades de salud internacional han establecido que, dependiendo del número de habitantes de una ciudad, puede haber un número determinado de embarazos con el mismo donante.

En una ciudad de un millón de habitantes, pueden haber 50 embarazos con un mismo donante de semen. Después de que un donante de semen ha cumplido con generar embarazo en tantas mujeres, se desecha la muestra.

Donantes

Son personas voluntarias, estudiantes universitarios que han calificado por su calidad de semen. Se les ha realizado una serie de exámenes psicológicos y serológicos como hepatitis B, sida y sífilis para establecer que son personas sanas, indica el doctor Valdivieso.

Se les hace una encuesta de siete u ocho páginas. Se les da una charla informativa sobre la donación. Deben estar conscientes de lo que van a hacer, que están donando una semilla para la vida, y que no tienen ningún derecho sobre la criatura que van a concebir.

Si tienen problemas psicológicos no pasan el control. Ser donante es una calificación que debe cumplir ciertos requisitos. Los hombres pueden ser donantes hasta los 35 años. La fertilidad y la calidad del semen decaen a los 40.

Perfil de solicitantes

Son pocas las mujeres solas que se acercan a solicitar la reproducción asistida. Generalmente con un nivel socioeconómico y cultural de medio alto a alto porque son ellas las que mantendrán al bebé.

La edad de las mujeres sin pareja que se acercan a la Unidad de Fertilidad de la Clínica Alcívar para solicitar el procedimiento fluctúa entre los 35 y 40 años, pero no todas califican, señala el doctor Valdivieso. En los tres primeros meses del 2013 llegaron cuatro o cinco solicitantes, de las cuales calificaron dos o tres.

Se necesita de recursos económicos porque los tratamientos implican cierta disciplina y compromiso en la alimentación y medicación, indica el doctor Jaime Bastidas, ginecólogo especialista del Instituto de Biomedicina Reproductiva de Guayaquil (Ibmer).

Su nivel emocional debe ser alto, porque debe estar lo suficientemente madura para lograr aceptar la maternidad con responsabilidad, que se puede evaluar mediante un examen psicológico.

A las pacientes se les realiza estudios psicosociales porque el concepto de familia se mantiene, indica el doctor Pedro Valdivieso, quien dirige la Unidad de Fertilidad de la Clínica Alcívar. Se necesita que exista una figura paterna (padres o tíos). “Se analiza el entorno de la mujer porque nos sentimos corresponsables del entorno en el que se va desarrollar y a vivir el bebé”, agrega.

“Ya en esa etapa, muchas mujeres dicen doctor ya estudié, ya me gradué, ya el príncipe azul no aparece en mi vida, soy muy exigente. Yo pienso que en este rato soy autónoma, no necesito ninguna pareja y quiero tener un hijo, quiero realizarme como madre, ayúdeme por favor”, refiere Valdivieso.

Métodos

Dr. Jaime Bastidas, especialista del Instituto de Biomedicina Reproductiva de Guayaquil (Ibmer).

El doctor Jaime Bastidas, ginecólogo especialista del Instituto de Biomedicina Reproductiva de Guayaquil, señaló que el tratamiento a aplicar dependerá de la edad de la mujer que acuda al centro de reproducción asistida. Estos van orientados a las características clínicas de cada paciente, con ciertos tipos de exámenes.

“Con estos datos nos damos cuenta qué es lo que tenemos que utilizar en una u otra paciente. Porque el objetivo siempre será conseguir el embarazo. Es importante mencionar que los tratamientos de reproducción asistida bien utilizados han logrado obtener embarazos en muchas mujeres, muchas pacientes”, indica.

En la inseminación se estimulan los ovarios para producir en un ciclo menstrual una cantidad (no mucho) de folículos (casita de los óvulos), y se van haciendo mediciones ecográficas para saber el momento apropiado de hacerlos ovular e inseminarlos.

En la fecundación invitro (fuera del cuerpo), la estimulación de los ovarios se realiza con mayor cantidad de hormonas para producir muchos folículos en el ciclo menstrual y hacer la medición ecográfica. Cuando llega el momento se aspiran los ovocitos y se los fecunda, se producen embriones en el laboratorio y se los coloca en la parte interna del útero de la mujer para hacer que los preembriones se hagan embriones.