Tengo más de 30 y soy soltero, ¿y qué?

“¿Cuándo te casas?”, “cuidado te quedas en la percha”, “soltero maduro…”. Estas frases son solo algunas de las que recurrentemente les suelen decir a las personas que ya pasaron los 30 años y que aún no han cumplido con lo que algunos hace pasados los 20 años: casarse y tener hijos.

Para ellos no es solo un asunto de no haber encontrado a su “media naranja” o que estén ocultando situaciones personales, sino que simplemente no quieren vivir entre cuatro paredes con otra persona a la que le tengan que dar explicaciones, ubican por encima de todo su crecimiento profesional, o simplemente otras causas los han llevado a decidir estar solos.

“Soy opositora completamente a la vida en pareja”, con estas palabras marca su conversación Erika, una abogada de 32 años, piel clara, ojos café, cabello tinturado y un tono de voz que muestra mucha seguridad. Ella ha tenido dos novios pero al final terminó con ellos por distintos motivos. Ahora, uno de ellos está casado; el otro, en cambio, ya era divorciado, por lo que dice que él ya sabía que el estar casado no es una garantía.

Para ella el matrimonio es simplemente un “cliché social”, un simple vínculo jurídico y por lo tanto un contrato como cualquier otro. “La cotidianeidad o el matrimonio es algo que la sociedad o el medio nos han impuesto. (Por) el mismo hecho de hacerlo por imposición, la gente se engaña y asume que cuando están enamorados se casan”.

Cuando estaba más joven, Erika siempre consideró que tener un hijo antes de los 33 años sería una especie de frustración personal, aunque ahora deja abierta la posibilidad de ser madre algún día. Por esto, en lugar de echar raíces, pensó en solidificar su profesión, seguir estudiando, viajar, entre otros aspectos. Ya ha conseguido dos postgrados, ahora quiere estudiar idiomas y seguir conociendo más países, siempre que su trabajo en una institución pública le dé tiempo.

En una escala de 10, ella ubica a la libertad en el nivel 8. “Me gusta ser autónoma, de pronto en alguna medida fui criada también así porque mi mamá también es bastante independiente”. Esta joven vive con su madre, y a veces con su padre, quienes están divorciados.

“Me fastidia el hecho de que todo mundo me pregunte ‘¿cuándo te casas?’; no pueden entender el hecho de que somos personas que no compartimos esa idea”. Dice que tal vez algún día se case, pero por el hecho de ser abogada y entender las connotaciones jurídicas de muchas cosas, lo hará por alguna necesidad jurídica, pero no por amor. Pese a esto, no descarta que algún disparate le haga cambiar de idea.

Considera que sí es bueno tener pareja aunque no es indispensable. “Lo ideal es que uno pueda amarse a uno mismo y tener la capacidad de sobrevivir en esta vida solo”. Agrega que los seres humanos crean mucha dependencia de otras personas, en este caso sus parejas, lo cual genera frustración e infelicidad.

Esta joven abogada cree que es importante estar solteros para cumplir objetivos, aunque resalta que también existen muchas personas que pueden cumplir metas estando casados. “Es mucho más duro y evidentemente se necesita mucho apoyo y comprensión de las parejas, y hay que ceder muchísimos espacios”.

Visión sobre los solteros

La socióloga Elena Betancourt asegura que en el pasado se tenía una connotación diferente a la actual. Antes una chica que se quedaba sola era vista con pena, pero ahora hay muchas mujeres que han decidido quedarse solteras por decisión propia, ya que a medida que se independiza tienen más exigencias. “Antes dependía del marido y lo que decía el marido y lo que podía darle el marido era todo a lo que ella podía aspirar”.

Elena Betancourt

Pero a partir de los años 70, la cada vez mayor independencia económica de la mujer cambia el panorama. Además, es la época en donde aumentaron los índices de divorcio.

La socióloga explica que hay personas que consideran que no están para hacer vida de pareja, porque no quieren depender de nadie, y obviamente una relación de pareja implica no una dependencia económica, pero sí una coordinación de acciones, esfuerzos, e incluso en unir finanzas para poder sacar adelante un proyecto conjunto.

Detalla que también la sociedad es la que va haciendo cada vez más individualistas a las personas, y estas pueden decir: “¿Por qué tengo que compartir contigo lo que yo gano?”, haciendo referencia a que ahora hay muchos casos en los que las mujeres ganan más dinero que los hombres.

Recuerda que en ocasiones se decía que si los hombres no se casaron entre los 20 y 25 años, ya no se casaron, y comenta que esto es un poco real, porque a esa edad la ilusión de formar un hogar está muy presente, pero después de esa época cada uno se acomoda en su individualidad, en su independencia, aunque puntualiza que esto no es una norma.

Señala además que en la actualidad no es mal visto que hombres o mujeres se queden solteros, a diferencia de épocas pasadas, cuando en ocasiones se sospechaba de las preferencias que podrían tener los hombres que optaban por no casarse. Ahora inciden muchos elementos para que algunos prefieran permanecer solteros, como lo son la libertad sexual, economía, el feminismo, entre otros aspectos.

Sin embargo Betancourt considera que al ser los seres humanos seres sociales, es natural que lleven una vida en pareja y en familia, por lo que cree que es “muy triste y hasta peligroso” que las personas, a una edad muy avanzada, se queden solas.

Considera que ya depende de cada persona lo que quiera para sentirse bien consigo mismo. Por ejemplo, si un individuo quiere y piensa que no puede vivir sin pareja, y no tiene pareja, pues se va a sentir frustrado e infeliz. Pero si esa persona piensa que la pareja es un complemento, y que le gustaría tenerla pero si no encuentra lo que quiere no le interesa, pues va a ser feliz, todo depende de cada uno. “Cada individuo es un mundo, y es una expectativa, una esperanza, es un deseo diferente”.

Una segunda soltería

Por distintas causas la vida puede tomar un rumbo diferente, y Franklin Haro, de 38 años, puede dar fe de ello. Él dice que se casó “enamorado” en el 2007, pero sin embargo se divorció tres años después. En aquel entonces, con su ahora exesposa viajó a los Estados Unidos, donde no encontró las oportunidades que esperaba, por la mala situación económica que pasaba el país del norte.

Viajes

Habló con ella y se regresó a Ecuador para conseguir empleo. Después, la situación de su esposa en EE.UU. mejoró y le dijo que regrese, pero Franklin decidió no hacerlo, viviendo solo desde el 2009, aunque su divorcio se completó en 2010.

“Efectivamente, cuando uno está casado pierde a los amigos, tienes horarios, no puedes viajar así nomás. Si estás estudiando cortas tus estudios por trabajar o por la familia. (Ahora) me ha ido bien, estoy mucho más tranquilo. He podido trabajar para poder tener mis cosas, mi departamento, he podido viajar. Me voy todos los fines de semana a la playa”, comenta Franklin, quien es licenciado en Marketing y gerente de una compañía.

Habla de que cuando se es soltero se tiene una mayor capacidad de ahorro, y ya no se piensa en la novia o esposa, sino que se priorizan otras cosas y hasta pequeños detalles, como por ejemplo salir un domingo al estadio con amigos, sin tener que dar explicaciones, cosa que no se puede hacer cuando ya se está casado.

De sus padres, su mamá a veces le dice que ya quiere un nieto y él le contesta  que hay que esperar. “Yo no puedo coger y decir a una persona ‘ven, te voy a hacer un hijo’ para que ella esté bien”. “Las cosas hay que hacerlas planificadas, pero el enamorarse, el estar con una persona y casarse llega, y al amor uno no lo planifica”.

No es de las personas que, pese a que le gusta y siente que le va bien siendo soltero, les anda diciendo a sus amigos o conocidos que también lo hagan. “Cada quien tiene que hacer su vida como le parezca. Yo no les puedo decir ‘no te cases’ o ‘no lo hagas’. Tengo amigos y amigas que son solteros y tienen 30 y 40 años y viven muy bien”, dice.

Franklin cree que es importante que las personas tengan una pareja, pero no considera que sea algo primordial. “Para mí, tú creces más como persona y como profesional siendo soltero, tienes más oportunidades hasta en los trabajos, porque cuando uno es casado, inclusive cuando eres amarrado, y te dicen tienes que viajar por tu trabajo, estás pensando en tu pelada, ‘mira, no puedo porque me mandaron a no sé qué’, ya te limita, psicológicamente te limita”.

Su vida laboral la inició desde los 18 años y considera que trabajando poco a poco le permitió ir creciendo. Por ahora se siente tranquilo y no se pone a pensar si llegará a la vejez estando solo o no.

“No pienso en lo que va a pasar más adelante, ni pienso en que me voy a morir, vivo se podría decir el momento, pero sabiendo que tengo que producir, tengo que alcanzar otras cosas más, ahora es la oportunidad porque tengo el tiempo. Gracias a Dios la cosas se están dando de a poco y no sé si a lo mejor vaya a quedarme solo o a lo mejor me case mañana, lo que te puedo decir es que ahorita me siento bien”.

Sin embargo, a veces tiene que soportar los comentarios en los que se menciona que ya casi ronda las cuatro décadas y no tiene a nadie, a lo que él se defiende respondiendo que ya estuvo casado. “Tengo tíos que siguen divorciados 40, 50 años y no necesariamente porque no estén casados sean gays”.

Además, para Franklin el ser soltero no es que no tenga un orden en su vida. “Obviamente tener libertad no significa que vayas a hacer lo que te dé la gana”, comenta, al detallar que su vida, de lunes a viernes, transcurre entre su trabajo y su departamento. De allí, puede ser que en ocasiones salga con amigos o converse por teléfono con sus padres. Habla de que su vida de libertinaje ya la pasó a los 19 o 20 años, cuando bebía casi todos los fines de semana y llegaba borracho a su casa a las 03:00 o 04:00.

“Para mi ser libre es poder hacer cosas que -a lo mejor ya maduro- con el esfuerzo de mi trabajo las puedo hacer”.