Deportes extremos, cambiar la rutina por la adrenalina

De lunes a viernes su espacio es una oficina, pero los fines de semana cambia la computadora por una cuerda o el paracaídas. Deja los papeles del trabajo y el miedo atrás, para subirse a un parapente y volar. “Te da buena vida, te sientes vivo. No eres sedentario, sino que siempre estás activo”.

Lo dice Raúl Contreras Layana. A sus 39 años, ha escalado montañas, lanzado en paracaídas, saltado de un puente y otras actividades colmadas de adrenalina, que lo hacen “salir de la rutina”.

“Estás metido ocho horas diarias frente a una computadora, haciendo lo mismo, llegas a tu casa, descansas, tienes una rutina, todos los días lo mismo”. Los deportes extremos ayudan a “romper con eso”, afirma.

Esta tendencia impulsa a decenas de ciudadanos a dejar Guayaquil por unas horas para adentrarse en la naturaleza y practicar estos deportes, considerados de riesgo, algo que existe solo si no se toman las precauciones debidas.

Así lo afirma Jorge Mora, instructor de parapente San Pedro, que ofrece la oportunidad de volar en ese tipo de paracaídas, en el sector de la provincia de Santa Elena, cercano a Montañita.

“Lo que interesa es que tengan ganas y deseos de volar, que no sean personas que tengan miedos excesivos a las alturas, porque he tenido casos de quienes creen que haciendo parapente se van a curar del miedo y pasa todo lo contrario”.

Raúl sentencia: “Las barreras se las pone uno mismo y hacer este deporte es para romper esos límites, barreras, dudas y temores”.

Desde hace doce años, Jorge Mora practica parapente, luego de hacer andinismo. “Esto es algo para disfrutar, para que la gente tenga ganas de sentir adrenalina”.

Y por el contrario de lo que muchos piensan, ambos afirman que los deportes extremos no son sinónimos de peligro. Usar los equipos básicos de seguridad (casco, arnés, etcétera) y verificar que estén en buen estado es la clave que garantizará que lanzarse de un puente solo implique diversión.

“La primera vez me puse bastante nervioso, pero lo disfruté. Te pones a gritar, es como si estás corriendo y llegaste a la meta en primer lugar, o si ganas un campeonato de fútbol y te pones a correr en la cancha; es lo mismo, solo que acá es en un espacio que solo es para ti”, explica Raúl.

Dejar el estrés y los problemas en la ciudad, para disfrutar en la naturaleza, es una actividad que fortalece y mejora el carácter. Así lo afirma Wilfred Pozzo, también de 39 años, quien se declara “enamorado” de la escalada.

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Elevarse cada vez más sobre las montañas, desafiar al riesgo y superarse es parte de su vida desde hace catorce años. “Aquí no dependo de un equipo, sino de mí mismo, de mi propio potencial, mi fuerza, mis habilidades, no hay nada como practicar un deporte en el que eres tú y la naturaleza”.

Pero, ¿y el miedo? Raúl insiste en que “de tener miedo, todo el mundo lo va a tener, pero es justamente eso, romper y superar ese miedo; eso te va a ayudar en la vida a dar un paso más allá para poder superarte como persona, profesional, padre de familia, hijo, esposo”.

A él le pasó. Cuenta que “después de hacer deportes extremos, me metí a la fundación Narices Rojas, donde soy payaso voluntario (en los hospitales); este tipo de deportes fue lo que me ayudó a romper la barrera de romper el ridículo”.

Es una de las cosas que consigue la práctica de estas actividades. Enrique Soto Gómez, psicólogo y rehabilitador educativo, señala que “este tipo de jóvenes se dan cuenta de que pueden ganar un tipo de grado de seguridad, antes era inseguro, dubitativo, tímido, pero ahora dice ‘lo he logrado y de aquí en adelante buscaré más retos, creo en mí mismo’; ese es el punto de partida que le va a permitir lograr muchas cosas interesantes en su vida”.

Para este especialista, quien practica deportes extremos es alguien que “se arriesga” y siente que “lo puede todo”. Alguien que tiene recelo de hacerlo, pensará “qué va a pasar, tengo esposa, hijos; pero él no, él quiere demostrar que lo puede, ‘lo puedo todo, lo desafío'”.

Sin embargo, para que lanzarse en paracaídas o practicar canoping (desplazarse de un extremo a otro, sobre cascadas, utilizando un cable de acero), no traiga nefastas consecuencias, tales como lesiones o accidentes, es importante capacitarse sobre ese deporte y hacerlo en compañía.

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La primera de las dos veces en que Raúl se ha lanzado en paracaídas estuvo algunos segundos en aprietos, por desconocimiento. “Al principio estás dando vueltas en las nubes y no sabes si estás parado o de cabeza, hasta que te estabilizas, es un punto desesperante, pero emocionante. A lo que vas cayendo es casi imposible hablar porque el viento golpea y la boca se te abre. La primera vez me estaba como ahogando, porque no me explicaron que tenía que respirar por la boca y no por la nariz, fue un poco complicado”.

Por eso, hace cinco años, Miguel Medina Mite se unió con dos amigos para realizar deportes extremos en sectores como Naranjal o Daular. Hoy es una práctica constante, que los llevó a formar el grupo VerdeXtremo.

“Hicimos un curso básico sobre técnicas para sobrevivir en la montaña, con el Cuerpo de Bomberos”, cuenta este ingeniero en computación, de 28 años. Lo hace para “viajar, conocer culturas, alejarme un poco de la ciudad y el estrés que genera el esmog, el trabajo, la rutina diaria, por eso aprovecho los fines de semana para practicar deportes extremos, sentir adrenalina y compartir con mis amigos”.

Wilfred, quien en una ocasión sufrió una caída desde 15 metros, que lo dejó con los tobillos lesionados “de por vida”, asegura que practicar deportes extremos “no es una moda, es algo que está creciendo completamente”.

Por eso seguirá escalando montañas y superando retos. “No hay palabras, pero la satisfacción es impresionante. Dices ‘si puedo escalar esta ruta, puedo escalar una más difícil’ y eso te impulsa a seguir mejorando. Fácilmente cualquier persona que trabaje, que quiera salir de lo cotidiano, puede tranquilamente escalar y la va a pasar increíble”.