El lobo de Wall Street

  • Título original: The Wolf of Wall Street
  • Año: 2013
  • Director: Martin Scorsese
  • País: Estados Unidos
  • Duración: 180 minutos
  • Genero: ,
  • Reparto: Leonardo Di Caprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Jon Bernthal, Kyle Chandler, Cristin Milioti
Crítica
El lobo de Wall Street

Bacanales cinéfilos

Por Carlos A. Ycaza

Esta película tiene 5 nominaciones

Lo primero que uno siente en los primeros minutos de El lobo de Wall Street es la desbocada visceralidad del realizador Martin Scorsese al introducir su historia. En cinco minutos la pantalla es una montaña rusa de sexualidad y drogas sin límites, anunciándonos lo que se viene y reforzando las chocantes imágenes con las palabras del protagonista, el corredor de bolsa Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio): “Cuando cumplí 26 años hice 49 millones de dólares, lo que me cabreó mucho porque no cumplí mi proyección semanal”.

El exceso es de rigor en esta nueva creación de Scorsese, especialmente porque sus cámaras digitales penetran el testimonio real de un personaje que todo lo contó en el libro que inspira la película. Esto solo sirvió para recalentar la hoguera de los perjudicados por los negociados del Belfort de la vida real, un dilema que comenzó con la publicación del libro y que actualmente se ha extendido a los productores de la película por el enorme éxito de taquilla de este Lobo en las pantallas mundiales y la posibilidad de varios premios Óscar, especialmente el de DiCaprio, que bien se lo merece.

Películas sobre Wall Street abundan y quizás la más recordada es la que se llamaba exactamente así y que Oliver Stone realizó en 1987. Pero nada nos prepara para el escabroso detallismo con que uno de los realizadores más importantes del cine contemporáneo se mete en el pantano de lo que para el protagonista es “la droga más fuerte”: el dinero. Si anteriormente la mafia y la violencia eran el target de Scorsese en sus películas más famosas, ahora eso es reemplazado por un hedonismo furiosamente descarnado y letal, que durante tres horas arrasa con el sistema inmunológico del espectador, sumergiéndonos en la carnicería de estas pirañas humanas.

Estamos a mediados de los ochenta en la euforia de los primeros días laborales de Belfort en la bolsa. Su inducción en aquello de que la codicia es algo bueno es a manos de uno de esos engendros de las finanzas inescrupulosas, encarnado estupendamente por Matthew McConaughey. Entre estos dos hay una escena antológica: el ritual de aprendizaje en los misterios de los negociados es acompañado con golpes de pecho y ruidos guturales junto a los martinis. Estamos otra vez en la era de las cavernas.

Belford sobrevive la debacle del ‘lunes negro’ -el colapso de la bolsa en 1987- cuando recomienza de vendedor de bonos ‘falsetes’ en un pequeño negocio en Long Island para aplicar el sistema en niveles mucho más altos y convertirse después en un gigante de Wall Street, llevando a su pandilla de ‘buenos muchachos’, encabezados por Donnie (Johnah Hill) que se torna en su mano derecha en todo terreno: negocios ilícitos, orgías y abastecimiento de toda clase de drogas. Juntos defraudan a millonarios inversionistas utilizando un simple negocio de zapatos baratos para convertirlo en una mina de oro y depositar las ocultas utilidades en cuentas suizas.

A todo esto arrastra a su segunda esposa Naomí (la australiana Margot Robbie), una rubia trepadora que conoce perfectamente los desfalcos de su marido pero con ella solo hay los mismos objetivos. Junto a estos actores, DiCaprio realiza un trabajo histriónico absolutamente inspirado. Belfort detiene la acción muchas veces para dirigirse al público y conectarnos con su verdadero cráneo, como si se tratara del animador de un monumental circo de tres pistas, que nos cuenta la plena dentro de la jaula de tigres y panteras hambrientas.

En El Lobo de Wall Street no parece existir una moral o peor una reflexión crítica de lo que vemos. Quizás esta es la parte más polémica del filme, pues a veces resulta inevitable celebrar con Belfort sus debacles, porque hay un humor negro recalcitrante en las escenas que deberían ser más repelentes. Y el otro lado: la visión de un creador de primera línea que nos introduce en el meollo de su narrativa como si nos estuviera sirviendo un bacanal cinéfilo.