La basura, el eterno problema de los malos hábitos
María Baque limpia su casa todos los días, donde a diario recoge la basura. Alrededor del mediodía sale de su hogar para recoger a sus hijos. A ella le molesta encontrarse en el camino con montículos de desperdicios en el bloque 21, de la cooperativa Flor de Bastión. Acusa a sus vecinos de que no respetan los horarios de recolección aunque incluso ella misma no los cumple, pues sin percatarse, mientras comenta su incomodidad, arroja con naturalidad un vaso de plástico en el que venía tomándose un refresco.
En otro sector la situación no es distinta. Una mujer saca con una pala los restos de cemento mezclados con tarrinas plásticas que se encontraban en la acera de su vivienda en la avenida Los Ángeles, a la entrada del Trinipuerto, para arrojarlos al frente de su casa. Su acera ahora está limpia pero el parterre que cruza su calle está lleno de desperdicios sobre los que se pasean los perros.

En la avenida 4ta de la cooperativa Sergio Toral es común ver montículos de basura.
Dennis Bazurto, quien atiende un local de comida en la av. Los Ángeles, al inicio de la entrada al Trinipuerto, siente continuamente las molestias de los malos olores y hasta cuenta que ha sufrido enfermedades a causa de la acumulación de la basura. “Tengo rinitis alérgica y hasta dermatitis, siempre tengo la piel manchada”, se queja Bazurto.
Ella señala que no conocía que se puede denunciar a los moradores que boten la basura en horarios inadecuados, como lo estipula el art. 23 de la Ordenanza Municipal que regula el manejo de los desechos sólidos no peligrosos en el cantón Guayaquil, que dice que “se puede multar hasta con el 20% del salario básico unificado por tener sucia y descuidada la acera del frente de su domicilio, negocio o empresa”. Lo mismo si arroja desechos en la vía pública.
Ni los letreros con advertencias sobre no arrojar basura logran persuadir a los moradores. Fundas rasgadas por los animales, vasos plásticos, animales muertos, comida en estado de descomposición, materiales de construcción, papeles, neumáticos y cartones mojados forman una combinación de olores que causan malestar a quienes transitan por la avenida Casuarina.
En esta vía, pasado el mediodía, a más de seis horas de que pase nuevamente el recolector del consorcio Puerto Limpio, se observa este panorama a lo largo del muro que se extiende paralelamente y que se inicia en el sector de la entrada de la 8 en la vía Perimetral. El escenario es similar al concluir la av. Sergio Toral, junto al botadero de basura Las Iguanas.
Rosa Jaramillo, moradora del bloque 21 de Flor de Bastión, comenta que los martes, jueves y sábado pasan los carros recolectores en la noche, pero que los habitantes del sector botan la basura en el muro durante todo el día. Ella trabaja desde hace dos meses en el asadero de pollos Chanito. “Los vecinos son unos cochinos”. Lo mismo dice de quienes vienen de otros sectores a depositar los desperdicios frente a su local.
“La gente no tiene conciencia, en toda la avenida hay más de cinco comedores y, a veces, la gente no puede ni comer porque el olor es insoportable”, dice disgustada Jaramillo.
Más adelante, pasando dos locales, está el taller de reciclaje de Víctor Zúñiga. Él afirma que el carro recolector sí ingresa por el callejón principal de Flor de Bastión y que incluso llega hasta el bloque 6, pero que es la desinformación de la gente y la desorganización, la que no permite terminar con el problema.
“Solo llaman para decir lo que está pasando, pero no quién lo hizo y eso dificulta que se pueda sancionar con más rigor a quienes reinciden al incumplir las leyes”.
Según datos estadísticos del consorcio Puerto Limpio, de las 128 llamadas que se registraron en mayo del 2012, 35 corresponden a denuncias por mala disposición de moradores que no respetan los horarios de recolección de basura.
El jefe de Aseo Cantonal de Guayaquil, Leonardo Espinel, dice que este es uno de los principales problemas para mantener limpia la ciudad pues las personas no denuncian a quienes infringen las normas.
Sectores conflictivos
Espinel asegura que los sectores en donde más se incumplen estas disposiciones son: la avenida Los Ángeles, entrada al Trinipuerto, ciudadela Martha de Roldós, Sauces 4, la calle principal Rodríguez Icaza, y en el sector de invasiones.
El funcionario cita que en el caso de lugares como Monte Sinaí, Balerio Estacio o Voluntad de Dios, entre otras cooperativas, se evidencian dos problemas claros. El primero se da por la topografía del terreno, que no permite el ingreso de los carros recolectores. “Por la seguridad de los mismos vehículos”, añade, ya que de dañarse uno de los 57 carros destinados para la recolección que también sirven en otros sectores de la ciudad, podría verse afectado el servicio en otros sitios.
El segundo, y como efecto del primero, es que la gente que habita en estas zonas baja con la funda de desechos desde su casa y la deposita justo en la vía principal, antes de subirse a algún medio de transporte.
Por lo que, Espinel afirma que en estos lugares se utilizan las ocho volquetas que tiene el Municipio para dar apoyo a Puerto Limpio, además de los vehículos roll on, roll off, que son cajas de 29 metros cúbicos, destinadas a almacenar la basura, para luego transportarlas en un camión hasta el relleno sanitario.
En el caso de las ciudadelas, el problema es otro. Espinel comenta que la gente tiene la mala costumbre de botar la basura, donde, en teoría nadie les reclama. “La pared de una iglesia, un terreno vacío, una escuela, inclusive el parterre de la misma avenida”.
Este es el caso de Sauces 4, en la av. Rodríguez Icaza. Mauro Mena, quien reside allí desde hace 25 años, dice que aunque la recolección ha mejorado considerablemente, los vecinos todavía no se organizan, y que incluso botan basura en las aceras cercanas a sus viviendas.
Un caso similar ocurre en la mz. O 13 de la ciudadela Martha de Roldós, aquí, Roberto Serrano, quien reside en el sector hace 32 años, cuenta que a veces se utiliza la pared de la iglesia evangélica Misionera ‘La Gran cosecha’ como botadero de basura, así como un canal que divide al parque de las villas. “Es un problema que no tiene remedio”, asegura Serrano, quien también dice que los carros no tienen hora fija de recolección. “A veces pasan a las 08:00, 10:00 y 11:00″.
Campañas de concienciación
La intendente de comunicaciones de Puerto Limpio, Paola Gutiérrez, asegura que frente al problema han hecho campañas de concienciación precisamente en los sectores con más conflicto, pero que aún así, es la gente la que no colabora.
“He sido un sucio, un man cochino, todo mi barrio me debe odiar”, dice la primera línea de la canción con ritmo tropical que desde el año pasado el consorcio Puerto Limpio ha utilizado como parte de su campaña de recolección de basura, y que ha servido también para que los ciudadanos identifiquen las frecuencias de los horarios en que los carros pasan por las ciudadelas y otros barrios.
Antecedentes
¿Cómo era antes el servicio de recolección en Guayaquil?. Hace 50 años solo se necesitaban 22 carros para levantar los desechos de una ciudad de aproximadamente 500.000 habitantes, que producía menos cantidades de basura con relación a las 3.000 toneladas que ahora diariamente generan sus cerca de 2´300.000 habitantes.
Actualmente, el problema va más allá de las formas de recolección, del aumento de los carros y de las frecuencias de recolección. La batalla constante ha sido y es educar a la gente, que en cierta forma no tiene claras las disposiciones.
Proceso de una denuncia por mala disposición de la basura
El director de Justicia y Vigilancia, Xavier Narváez, afirma que en las comisarías también se receptan denuncias, pero que en su mayoría, estas vienen de la Dirección de Aseo Cantonal. Espinel explica el proceso de una denuncia:
- Se recepta la llamada telefónica en la Municipalidad de Guayaquil. También reciben los datos de las denuncias obtenidas a través de la página web del Consorcio Puerto Limpio.
- Luego se envía a un inspector zonal para que recoja las pruebas necesarias sobre la persona natural o jurídica que está cometiendo la infracción.
- Posteriormente se le hace una boleta. En ella se especifica la falta que ha cometido.
- El siguiente paso es entregársela directamente al infractor.
- Una vez receptada la boleta, el infractor deberá presentarse en una comisaría municipal, donde el comisario estipula la falta y emite la sanción correspondiente.
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