Créditos
- Texto: Carlos Torres Chang
- Fotos: Eduardo Adams, Juana Von Buchwald
- Video: Eduardo Adams
Vivir sin centros geriátricos
Una cama de madera en un pequeño cuarto de su casa es el reducido mundo al que Teresa Mosquera Vicuña, de 93 años, usa ahora como refugio luego de que la caída por una escalera, hace poco más de un mes, le provocara tal temor que se niega a volver a caminar.

María Luisa Hurtado (d) y Juanita León Vera, dos de las asiduas participantes de las actividades del Centro Gerontológico Dr. Arsenio De la Torre Marcillo.
¡Qué lindos, me vienen a ver! exclama al notar que recibe visitas, al tiempo que sonríe y extiende su mano para saludar con un fuerte apretón que evidencia toda la energía que aún mantiene.
El intenso calor de la tarde guayaquileña es combatido por un ventilador ubicado en una esquina sobre el piso de madera. Mientras, Teresa recatadamente se cubre con una sábana.
En una esquina del dormitorio un improvisado altar muestra su devoción por la Virgen María, con cuadros y efigies entre los que destaca una imagen de la Dolorosa. Una silla de ruedas prestada, un bastón donado por la fundación Manuela Espejo y un andador, completan el entorno.
Junto a Teresa su nieto Fabricio Espinoza, quien la cuida desde hace ocho años, explica que pese a su edad y aun después de su accidente, ella era una mujer activa que caminaba, visitaba a los vecinos e iba a la iglesia sin problemas. Pero de improviso, desde hace aproximadamente un mes y medio, y pese a que un médico particular que la atiende señaló que no existía impedimento físico para movilizarse, no se ha levantado de su cama, al parecer por miedo a volver a caer.
Esto ha complicado más la situación de su nieto y de la esposa de este, Miriam Murillo, quien se dedica al comercio informal, pues cualquier espacio libre en sus horarios de trabajo debe ser dedicado al cuidado de su abuela.
Por ello, desde que decidió cuidarla, Fabricio buscó en vano un lugar en el cual su abuela pudiera permanecer, durante el día, realizando actividades o compartiendo con otras personas de su edad, para él retomar su cuidado en la noche al salir de su trabajo.
“En ese entonces recién se inauguraba un centro gerontológico municipal, pero me dijeron que allí, por su avanzada edad no podían recibirla, pese a que ella se manejaba por sí sola”, se queja.
Ahora, la necesidad también lo obliga a buscar un lugar en el que le puedan dar a su abuela atención médica especializada, rehabilitación y sobre todo compañía o que puedan cuidarla unos días porque “hace mucho tiempo que mi esposa y yo no tenemos vacaciones ni podemos salir juntos”, señala.
Pero Fabricio quiere seguir cuidándola, por lo que rechaza la idea de dejarla en un hogar definitivo. “No tiene a nadie. Sus hijos, entre ellos mi padre, murieron. Ella estuvo siempre para mí, incluso me ayudó a encontrar mi actual empleo. Le debo todo y no puedo dejarla abandonada”, afirma con seguridad, señalando que incluso desechó la oportunidad de viajar a España para no alejarse de ella.
Teresa trabajó durante toda su vida como comerciante de flores. Con su esfuerzo construyó dos casas en el sector de Mapasingue, una en la que actualmente vive y otra que alquila, ingresos que permiten cubrir su atención médica.
“Ella tiene la suerte de que sus familiares, además de amor tienen posibilidades económicas, pero aún así necesitan ayuda. Yo le hago compañía y le ayudo a alimentarse, pero no puedo darle atención especializada porque no estoy capacitada”, sostiene Ana Miguitama, voluntaria de una iglesia del sector, quien la visita un día a la semana, al igual que a otras personas mayores a las que ayuda en el tiempo que el cuidado de su propia madre le deja libre.
“Hay centros privados, pero cuestan demasiado dinero, por ello es necesario que existan lugares de atención para adultos mayores del municipio o del estado porque necesitan rehabilitación física, monitoreo médico y especialmente la compañía de otras personas de su misma edad pues la soledad es su peor enemigo”, señala.
Lamentablemente, “en Guayaquil y en Ecuador tenemos centros gerontológicos como hospicios, centros diurnos y Universidad de la Tercera Edad, pero no tenemos ni casas protegidas ni hogares de tránsito”, resalta Aldo Guevara D’Aniello, médico especializado en Geriatría y Gerontología, en Italia.
La Gerontología le da la oportunidad a la sociedad de mantener a su adulto mayor en comunidad, señala Guevara.
“En los hogares de tránsito, si yo trabajo en el día y no puedo atender sus necesidades especiales, lo reciben, y además lo pueden mantener días o semanas para que quienes los cuidan puedan salir de vacaciones y luego recogerlos”, afirma el experto.
“Nos han rebajado las horas de actividad dirigidas porque necesitan que los instructores atiendan a los nuevos que han venido”
Sin embargo, esta clase de centros de atención, que son los que necesitaría Teresa, no existen en Guayaquil, así como tampoco las casas protegidas que en Europa y Estados Unidos son diferentes al hospicio, pues son condominios con una administración y donde exclusivamente vive gente mayor.
En este grupo también están los centros diurnos que son como guarderías donde los adultos mayores van y realizan actividades propias de su edad.
Un ejemplo es el ‘Dr. Arsenio de la Torre Marcillo’, del Municipio de Guayaquil y administrado por la Universidad Católica.
“Antes no teníamos a dónde ir, nos quedábamos en la casa encerradas sin saber qué hacer. Nos aburríamos”, señala Olga Vera viuda de Coloma, quien entre risas en la sala principal del recinto, juega una partida de bingo con varias personas de su edad, la cual se niega a revelar, mientras decenas de otros adultos mayores se encuentran en diferentes dependencias, unos observando videos de música nacional y otros recibiendo clases de bailoterapia, dirigidos por sus instructores.
Sin embargo, hay una queja: “Nos han rebajado las horas de actividad dirigidas porque necesitan que los instructores atiendan a los nuevos que han venido”, advierte Juanita León Vera, otra de las participantes del juego de bingo, quien, no obstante, destaca que este centro ha transformado su vida.
“Este es un espacio lúdico para adultos mayores, destinado a actividades de prevención de un envejecimiento rápido. Exclusivamente con atención ambulatoria porque son autovalentes”, afirma la directora del centro, Rosa Azúa Pincay.
Aquí, en diversos horarios, los adultos mayores pueden, previa inscripción, disfrutar de la compañía de otras personas de su edad así como realizar diversas actividades sociales y educativas, destaca.
“Atendemos a 600 adultos mayores y a otros 600 en los 12 centros de apoyo ubicados en toda la ciudad, pero tenemos al menos entre 300 a 600 personas en espera, por lo que hemos debido optimizar recursos rebajando las horas de actividades dirigidas por instructores para quienes ya tienen varios años acudiendo al centro, y destinándolos a los recién llegados sin que la calidad desmejore”, justifica.
“Este centro es único en Guayaquil, no hay equivalente”, dice Zúa, quien destaca que “tal vez hay uno o dos de índole privada, pero que no cuentan con infraestructura adecuada” y que apenas cumplen con los requisitos mínimos.
Pero ante la gran cantidad de solicitudes de ingreso es necesario “tener al menos tres más: en el centro, el norte y el sur de Guayaquil”, afirma Guevara. “Son necesarios al menos dos más, uno al Norte, por la Alborada y otro al Sur, por el Guasmo, coincide Azúa.
Además de este centro municipal, en Guayaquil el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y el Ministerio de Inclusión tienen lugares donde se reúnen los adultos mayores y realizan actividades, aunque con menor infraestructura e instructores, señalan. “La Junta de Beneficencia tiene planeado abrir uno en el hospicio Corazón de Jesús”, detalla Guevara.
Las Fuerzas Armadas tienen en Guayaquil el Hogar Esperanza 2, en la ciudadela Samanes 5, que también es un centro diurno pues los adultos mayores pueden pasar durante el día y sus familiares recogerlos al finalizar la jornada; y también funciona como albergue, a un determinado costo.
Además, el IESS informó a inicios de este año que construirá un Hospital del Día que tendrá un centro geriátrico con área de rehabilitación para el adulto mayor que incluye gimnasio, médico geriatra y dos terapistas: ocupacional y de lenguaje. Esto debido a que el 40% de los pacientes que acuden al Centro de Atención Ambulatoria 210, son adultos mayores.
La población urbana y rural de Guayaquil es de 2’350.915 habitantes, de los cuales 136.577, es decir 5,8095%, son mayores de 65 años
En cuanto a las casas de reposo, hospicios o ancianatos, lugares donde la gente mayor va a vivir, Aldo Guevara señala que los principales son el Carlos Luis Plaza Dañín y el hospicio Corazón de Jesús, de la Junta de Beneficencia. Además, están el ya mencionado Esperanza 2 de las Fuerzas Armadas, el Hogar San José, de la Congregación de las Hermanas de los Ancianos Desamparados y otro de las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, en el Guasmo.
Sobre este último Aldo Guevara resalta que “está muy bien ubicado, por Las Esclusas, porque es un sector de gran necesidad. Ellas tienen muchas carencias porque recogen de las calles a decenas de pacientes que sufren de demencia senil y de los cuales ni siquiera se conocen sus nombres y apellidos”.
El asilo Plaza Dañín tiene al menos 15 solicitudes de ingreso por día y en el hospicio Corazón de Jesús el número es similar. A pesar de que ya hay unidades privadas de gente que ha invertido en esa área, muchos no tienen recursos.
“Este tipo de hogares permanente no me gusta porque creada la solución desaparece la familia. Los dejan y no vienen más”, dice Guevara, quien colabora en el asilo Plaza Dañín.
Otros tipos de centros gerontológicos en Guayaquil son los puntos de apoyo donde los adultos mayores se han organizado en comunidades, como el de la fundación Pro Senex, y las universidades para la tercera edad, como la de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte.
Pero, además de la falta de centros gerontológicos, Guayaquil también carece de centros de atención médica especializada para personas de la tercera edad, los que entran en el campo denominado Geriatría, resalta Guevara.
Esta falta de centros geriátricos la sufre Mercedes Mosquera, hermana menor de Teresa, quien a sus 89 años yace recluida en su cama desde hace cuatro, cuando sufrió una fractura en su cadera y en el hospital señalaron que era imposible operarla porque su estado de salud no lo permitía.
Su vida transcurre en un cuarto sin puertas y en el que unas cortinas apenas cubren las ventanas vacías. Sus tres hijos son informales y sus ingresos a duras penas alcanzan para sobrevivir. “Su pierna le duele porque la fractura nunca se curó”, afirma su hija, Olga Vicuña, quien resignada, solo atina a pedir un hogar donde su madre pueda descansar con los cuidados necesarios.
Mercedes desvaría y pide por favor “una casa para poder salir”. Su vida de carencia la expresa en una frase con la que recibe a sus escasas visitas: “¿Qué me trajo de regalo? Vacío no vale”.
Teresa y su hermana son solo una muestra de lo que muchos de los miles de adultos mayores sufren en Guayaquil y Ecuador por la falta de centros de atención para adultos mayores.
Según el último censo del INEC, la población urbana y rural de Guayaquil es de 2’350.915 habitantes, de los cuales 136.577, es decir 5,8095%, son mayores de 65 años, es decir son adultos mayores según la Constitución.
De esta cantidad, menos del 1% de la población está en hospicios y el resto en su casa bien o mal tratado, acogido por sus hijos y la mayoría con muchas carencias porque muy pocos de ellos tienen una buena pensión pues de los adultos mayores de Guayaquil apenas el 8% recibe pensión jubilar y el 92% no tiene ningún ingreso.
“La vejez no es enfermedad, pero sí es una etapa de la vida llena de pérdidas: mueren familiares, esposos; pierden el empleo, los amigos, el estatus y el rol social, por ello el adulto mayor necesita una serie de servicios y factores que la comunidad debe ofrecerle porque sigue siendo miembro de la comunidad”, indica Guevara .
Resalta que los “tres grandes monstruos que deberían tener un servicio de geriatría” en Guayaquil son la Junta de Beneficencia en el hospital Luis Vernaza; el Ministerio de Salud en el hospital Guayaquil o del suburbio; y el Seguro Social, en el hospital Teodoro Maldonado Carbo.
“Cualquiera de los tres debe comenzar, pero debe hacerlo ya”, sentencia el médico.
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