Carecer de transporte, una realidad que angustia a diversas zonas de Guayaquil
A falta de buses, muy útiles son las tricimotos, las motos, los camiones, camionetas… Nada importa, ni la incomodidad del momento si se trata de llegar al lugar de destino. La dificultad se presenta cuando, debido al estado de los caminos y senderos, al sector no puede ingresar ninguno de estos medios de transporte.
Es aquí cuando el caminar adquiere otro matiz. Este ejercicio físico que para algunas personas les resulta beneficioso para lograr un buen estado de salud, para los habitantes de los sectores más alejados de San Francisco, El Chorrillo, Monte Sinaí y Sergio Toral, ubicados al noroeste de Guayaquil, y que diario tienen que recorrer un largo sendero para tomar un vehículo que los lleve a su destino, la idea no resulta muy atrayente.
Caminar por los largos senderos hasta tomar un bus resulta agotador para los habitantes de la Sergio Toral y de muchos otros sectores del noroeste de Guayaquil.
La Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) hasta el momento no se ha pronunciado sobre los recorridos de las diferentes unidades de transporte en estos sectores, ni sobre si se realiza algún control o verificación de los vehículos que brindan el servicio a los lugares mencionados.
Hasta estas zonas no suelen llegar, como a otros sectores, ni las tricimotos. Los buses pasan solo por la calle principal, y para llegar a ella, desde los sectores más elevados de San Francisco, el único medio que conocen moradores como Ada María Fierro Mindiola y Cecilio Medina es ir a pie.
Ella lleva diez años viviendo en el sector y asegura que ya está acostumbrada a su caminata para tomar el bus de la cooperativa de transporte CTP 3 y 4 o el de Peca, dependiendo del lugar a donde se dirija, pero siente la necesidad de que el carro llegue hasta arriba, adonde los caminos sin veredas lucen el color de la tierra y la piedra en verano, y de tonalidades más oscuras en invierno, debido a la formación de lodo.
“En algún momento se puede presentar una emergencia”, dice Ada Fierro, de cabellos blancos y andar pausado. A sus 62 años y con una úlcera gástrica que le impide ir a paso acelerado, caminar esos aproximadamente 200 metros que separan su casa de la calle principal San Francisco 1 le resulta un problema. Ahora debe ir despacio, sobre todo porque a veces los carros van llenos y le toca avanzar hasta la estación, ubicada en San Francisco 2, lo que representa caminar entre 500 y 600 metros más.
Cecilio Medina, de 60 años, dice no sentir tanto el cansancio de la caminata, por ahora, pero asegura que dentro de pocos años le costará mucho esfuerzo bajar y subir el largo trayecto de los caminos, a donde la obra pública espera.
Los dos habitan en San Francisco 1, cuyos terrenos, al igual que en San Francisco 2, fueron legalizados hace dos años, recuerda Alexandra Bajaña, quien vive ahí desde hace más de una década. En todos esos años la población ha crecido. Entre las dos etapas hay aproximadamente 14.700 habitantes, según el Censo de Población y Vivienda 2010, realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC).
A una hora de camino
Más alejados que los habitantes de San Francisco 1, de la estación de buses de la CTP 3 y 4, y de los carros de Peca, están los moradores de El Chorrillo, quienes en verano con la ayuda de cuatro motos y seis tricimotos se toman entre 20 y 25 minutos en recorrer el largo camino polvoriento y con baches, a un costo de entre 0,50 centavos y un dólar.
Las dificultades en este sector, ubicado en la parroquia urbana Pascuales, se acentúan durante la etapa invernal. El sendero se vuelve lodoso, con charcos y más intransitable que antes. Ahí los habitantes, que según el INEC llegan aproximadamente a 380, ya no pueden trasladarse por ninguno de los dos medios, señalan moradoras como Emma Mera y Mayra Vera Pacheco.
Ahí, si tienen que salir por alguna necesidad deben caminar entre una hora y hora y media entre el agua y el lodo para tomar el bus que las llevará hacia algún sector de la ciudad; de lo contrario, deben esperar a que el agua baje y se seque para poder salir, indica Mayra Vera, de 27 años, cuyos padres nacieron y se criaron en el lugar.
A un costado de su casa, de cemento la planta baja y de caña la alta, hay un riachuelo, que se forma por el chorro de agua que permanentemente cae de la vertiente que hay en la parte más alta del cerro y que ha dado origen al nombre de El Chorrillo.
Allá no llegan los buses porque podría ocasionar que haya más invasiones, ya que los terrenos no están legalizados, señala Emma Mera, de 39 años. Aún así, los líderes comunitarios realizan gestiones para que llegue el transporte o se arregle la vía, asegura.
“Cuando hay la tricimoto tenemos que irnos en la tricimoto, sino en esa moto lineal, sino a pie, o en carritos así que salen de las ladrilleras”, explica Mera, madre de una familia de nueve miembros, y quien desde hace 21 años vive en el lugar.
Debido a la dificultad con el transporte, el Municipio les ha aprobado el asfaltado del camino para el próximo año, desde la estación de la pascualeña, señala Gerónimo Alvarado Pachay, presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios El Chorrillo.
El problema de la falta de transporte en estos sectores de la ciudad también va unido a la obra vial, y esta de que las propiedades estén legalizadas.
Caminos amplios
En otros sectores, también del noroeste de Guayaquil, a habitantes como Rocío Baque Solís, de 37 años, y a su esposo Mario Miguel Zamora Rosales, de 41, los cuatro años que llevan viviendo en Trinidad de Dios, Monte Sinaí, les ha resultado “bastante difícil”. Caminar los aproximadamente 300 metros que hay desde su casa hasta tomar los buses de la línea 112 o de la 132 les lleva alrededor de unos 10 minutos, si van a paso apresurado.
Al llegar a la calle principal, sin nombre, les toca enfrentar otra situación. “A veces nos cogen los buses, cuando nos ven con los niños muchas veces no nos quieren parar, cogen y pasan de largo”, cuenta Rocío, quien va a dejar y a retirar a tres de sus hijos a la escuela.
A Mario, quien trabaja por turnos como conductor de una línea de transporte ajena al sector donde vive, a veces le toca salir a las 05:30 y otras en la tarde. Con el menor de sus hijos en brazos, asegura que pese a los años transcurridos no se ha acostumbrado, pero tampoco puede hacer nada, “solo esperar el tiempo”. Pese a su resignación, dice que le gustaría que una línea de buses entre al sector, al que se accede por un sendero elevado, pero al que no llegan ni las tricimotos en verano, por lo empedrado del camino.
La situación de Rocío y Mario también la enfrenta Angelita Vinces, pero desde Realidad de Dios, otro sector de Monte Sinaí. Por su edad (53 años) y la distancia un poco más larga que en Trinidad de Dios, se le dificulta llegar hasta la calle principal, donde pasan los buses de la línea 132 y de la 112, esta última lleva operando ocho años en el lugar.
Habita en el sector desde hace nueve años, y le toma 30 minutos caminar desde su casa hasta la calle 44, como la definió el INEC al establecer las zonas censales en 2010. Allí tampoco ingresan las tricimotos, pero sí suelen pasar las motos, que cobran 0,50 centavos por sacarlos, relata Angelita y sus vecinos Priscila Herrera y Pedro Cedeño. Ella de 32 años, y el de 30.
También cuestionan la falta de transporte. “Ahorita vamos a ver al bebe a la escuela, tenemos que ir a pie, unas 20 cuadras”, dice Priscila. En ese momento pasa una moto que los lleva afuera. Antes de irse, Cedeño hace énfasis en las ventajas del camino. “Aquí tenemos bastante cancha para que entre una línea”, señala.
A diferencia de Trinidad de Dios, Realidad de Dios posee caminos más amplios; el problema está en dos pequeños tramos que cortan el largo sendero que lleva al lugar y que se han convertido en dos pozas de agua por las que atraviesan motos y camionetas, pero para el morador que va a pie está el puente.
Christian Sarmiento, presidente de la cooperativa de transporte Río Amazonas línea 112, que tiene 20 unidades de buses para hacer sus recorridos, señala que el problema por el que no ingresan los vehículos hacia esos sectores es la falta de señalización y que las calles no están asfaltadas.
Los recorridos los define la CTE, basado en una solicitud de la cooperativa de transporte, explica Sarmiento. Agrega que las unidades salen cada cinco u ocho minutos.
Así, sin transporte como en San Francisco y El Chorrillo, también se encuentran miles de habitantes de Monte Sinaí, cuyos terrenos aún no están legalizados, señala Alejandro Tuala, uno de los líderes comunitarios de este último punto.
Dos opciones
No todos viven alejados, hay cientos de moradores cuyas casas están próximas a la calle principal de Monte Sinaí, por donde pasan las tricimotos que avanzan a Monte Lindo y de ahí hacia el límite entre la precooperativa de vivienda Sergio Toral 1 y 2. En este trayecto de casi dos kilómetros, que se toma entre 10 y 15 minutos atravesarlo, a los habitantes se les presentan dos opciones.
La primera, subirse en unas de las 15 tricimotos que hay, y con ello aceptar el dolor corporal que provoca el viajar en este medio de transporte, por un largo camino empedrado e irregular; y la segunda, caminar durante media hora bajo el sol, lo que ocasiona quemaduras en la piel. La falta de árboles y la ausencia de grandes construcciones impiden que la sombra cobije a quienes transitan por ellos.
“Ahorita han bajado bastante los pasajeros porque como está la vía dañada… a veces prefieren ir caminando”, dice Felipe Matamoros, presidente de la cooperativa de tricimotos Monte Lindo, que hasta el momento de la entrevista no estaba aún legalizada. Aclara que ha solicitado al Municipio el arreglo del camino, y le han indicado que está aprobada la adecuación de la calle, pero no el asfaltado porque los terrenos no están legalizados.
Los problemas llegan con el invierno
En la Sergio Toral II, el panorama no es diferente de los sitios antes vistos. Rita Gamarra, habitante del sector, un lugar al que -según los moradores- los buses de la línea 8 no van en invierno por el mal estado de las calles, señala que en el mes de junio recibieron la visita de funcionarios municipales que hablaron de empezar a realizar el trámite de legalizaciones. Con ello llegará la obra pública y los carros en invierno ya no se alejarán, piensa Gamarra.
Adriana Urrunaga, de 29 años, mientras lava la ropa de su familia, relata la odisea que le toca pasar en invierno, cuando por más de media hora tiene que caminar por una calle lodosa porque el bus no entra. Ahora ya pasó la época de lluvias, y los transportistas y moradores gestionaron ante el Municipio el arreglo de la calle para que puedan ingresar los 24 buses de la línea 8 y otros más de la cooperativa Alboruta 2 Sergio Toral.
Gastón Martínez, presidente de la cooperativa de transporte Nueva Unión Ltda. línea 8, que hace estación en la segunda etapa de la Sergio Toral, refirió que en invierno debido a que la calle no es compactada, se hacen cráteres. Los carros no son nuevos, cuando tratan de ingresar “se arrastra la carrocería y no pueden avanzar”, explica.
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