Tejedores de Manabí y Azuay celebran proclamación mundial

En París, el 5 de diciembre, la Convención para la Salvaguarda de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco (siglas en inglés de la Organización de las Naciones Unidas, la Ciencia y la Cultura), por unanimidad, decide inscribir al tejido del sombrero de paja toquilla en su lista representativa.

Grupos de tejedores de Manabí y Azuay festejan al conocer de la declaratoria mundial y esperan que, con este valor agregado al sombrero de paja toquilla, exista una mejor remuneración por la prenda que elaboran.

En Manabí, la mayoría de los tejedores están en Pile, comunidad del cantón Montecristi (de allí el nombre de sombreros de Montecristi), donde el 90% de los cerca de 700 habitantes se dedica a esta labor y el resto a la pesca y otras actividades, según Felipe Espinel, presidente de la comuna.

En esta localidad los artesanos utilizan una técnica más refinada en el tejido que puede tomarles hasta tres meses en terminar cada sombrero, cuyo costo varía entre $ 50 y $ 600, según la textura y calidad de la prenda. No obstante, en mercados de Estados Unidos y Europa puede comercializarse hasta en $ 25 mil.

En Azuay, a los manufactureros de los sombreros de paja toquilla se los encuentra en el cantón Sígsig. La elaboración de un sombrero les toma un día y por cada uno ganan de $ 3 a $ 6.

Por ello, los tejedores de esta región buscan perfeccionarse y hacer sus propios contactos para comercializar el sombrero en el extranjero sin necesidad de intermediarios, quienes en estos años, según afirman, han sido los más beneficiados de sus trabajos.

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