Marisqueros

El oficio de ofrecer los tradicionales convidados de la mesa guayaquileña


Enrique Robles muestra las jaibas que compra en la Caraguay. Este crustáceo reemplaza al cangrejo durante la veda.

Las jaibas que elige el marisquero Enrique Robles, de 54 años, las vende en su local de la Caraguay.

La mano espera atenta para cumplir su objetivo. Los dedos se estiran y encogen para en el momento indicado lanzarse hacia el animal que se mueve sin cesar, generando una imagen de inalcanzable. Pero el recelo de que la jaiba aprisione uno de sus dedos no existe para Enrique Alejandro Robles Vera. Su mano es más rápida y por detrás agarra al crustáceo y lo levanta. “¿Cuánto quiere? Para hacer un remate. Venga casera, deme 15 (dólares) por todo”.

En una canastilla plástica, este marisquero tiene 13 jaibas, crustáceos que vende cuando existe la prohibición -dos veces al año- de capturar, expender y consumir cangrejo, el principal producto que ofrece desde hace décadas, porque es el oficio de toda su vida.

Robles, llamado ‘Quique’, se inició como muchos. Acompañando a su padre en una canoa cuando era un niño, salía por la madrugada a pescar, aunque confiesa que nunca aprendió a capturar cangrejos. “Hay que saber hacerlo, no es fácil”.

Por eso se dedicó solamente a vender desde los 19 años, cuando fue con una mesa hasta las afueras del antiguo Mercado Sur, actual Palacio de Cristal, para ofrecer pescados tales como bagres, albacoras y dorados, además mariscos y crustáceos. Su puesto de ventas quedaba al cuidado de un guardia nocturno.

La concha prieta se compra por "pilo" y puede costar entre 20 y 70 centavos cada una. Unas 100 conchas se venden hasta en $16, dice Enrique Robles.

La concha prieta se compra por “pilo” y puede costar entre 20 y 70 centavos cada una. Unas 100 conchas se venden hasta en $16, dice Enrique Robles.

Cuando llegó la regeneración urbana a ese sector, en el 2000, ‘Quique’ fue reubicado en el mercado Caraguay -al que califica como “ordenado”-, donde ocupa uno de los 31 puestos de 3 x 3 metros, recubiertos de cerámica blanca, junto a la orilla donde decenas de canoas se arriman diariamente -a falta de un muelle idóneo- para dejar los productos que vienen desde poblados como Puerto Roma.

Allá nació la esposa de Robles, con la que se casó cuando tenía 22 años. Hoy, a sus 54, este guayaquileño de 1,60 metros de estatura, mirada apacible y hablar espontáneo, comparte el oficio con sus tres hijos (32, 28 y 23 años) en el mismo mercado. Tiene cuatro nietos.

Desde su vivienda, ubicada en el suroeste de la ciudad, sale antes de las 07:00 con destino a su puesto de trabajo, aunque en su barrio también ofrece cangrejos en un triciclo, por lo que es conocido como el ‘cangrejero’.

Una camiseta blanca, jean, zapatos deportivos y un bolso son suficientes. Un taxi que le cobra entre 1,50 y 2 dólares lo lleva en un trayecto que dura unos 15 minutos hasta la Caraguay. Lo primero es limpiar el puesto, cuyo mesón y lavadero no lucen sucios.

Entonces llega el momento de adquirir a los pescadores lo que luego ofrecerá a los visitantes del mercado, que en días ordinarios llegan poco, en comparación con la gran afluencia de compradores los fines de semana.

Robles observa a los pescadores recién llegados, mete la mano derecha al bolsillo del pantalón y saca un fajo de billetes, los cuenta rápidamente y lo vuelve a guardar. Diariamente invierte unos 200 dólares, cantidad que sube a 300 en fines de semana y cuando hay aguaje. Con eso compra una decena de planchas de cangrejos (de 48 crustáceos), conformadas por cuatro atados cada una, los cuales vende cada uno entre 5,50 y 6 dólares.

Los proveedores de ‘Quique’ forman parte del grupo de cerca de 2.500 cangrejeros y pescadores que trabajan en la zona del Golfo de Guayaquil, según Mariano Parrales Chalén, directivo de la Unión de Organizaciones de Cangrejeros y Pescadores de las Riberas del Golfo de Guayaquil.

Esta agrupación, que existe hace tres años, recoge actualmente la documentación de los pescadores por pedido del Municipio de Guayaquil, comenta. El objetivo es dar una credencial para trabajar en ese sector e incluir a los registrados en un proyecto para construcción de un muelle, asegura Parrales.

Él, nacido en Puerto Arturo hace 47 años, aprendió a pescar desde los 9. Además de comerciar en la Caraguay, forma parte de la Unión, que también se dedica a capacitar a los pescadores con la colaboración de la Armada Nacional.

Comenta que uno de los principales problemas es la resistencia de los pescadores a dejar el método de captura conocido como “trampa”, que consiste en colocar una red junto a la madriguera para esperar a que los cangrejos queden atrapados en ella, lo que altera el desarrollo de la especie. Afirma que muchos lo prefieren porque es el método más fácil y que lo han puesto por sobre el tradicional de meter el brazo hasta el fondo de la cueva para sacar al animal.

Por eso trabajan en capacitar a los pescadores y en gestionar ante las instituciones correspondientes la dotación de agua potable y dispensarios médicos en los pueblos del Golfo, algo que para Parrales reducirá en algo los gastos que tienen para -por ejemplo- comprar agua a $ 0,40 por un envase de cinco galones y mejorará la calidad de vida de los proveedores de ‘Quique’.

Entretanto, este jovial marisquero, aficionado a jugar ‘volley’ en la calle, continuará con este oficio “hasta cuando la vida lo permita”, un oficio que le da las ganancias necesarias “para vivir”, mientras ofrece su mercancía a una ciudad acostumbrada a tener a los mariscos como invitados especiales en la mesa.

Comentarios

  • CARE

    ES UNA BUENA FUENTE DETRABAJO Y SON DELICIAS AL PALADAR

    • ESO ME RECUERDA CUANDO YO ERA UN PELADITO Y TRABAJABA CON MI PAPA EN EL MERCADO ESTE EN GOMEZ RENDON Y CHIMBORAZO YO SE COMO ES LA VIDA EN UN MERCADO . DIOS LOS BENDIGA A ESOS TRABAJADORES QUE SE PREOCUPAN DE LLEVAR EL SUSTENTO A SU FAM . SALUDOS MI GENTE ..

  • jose Alvarado

    Buen trabajo

  • Me encanta este tipo de reportajes urbanos.

    Muchas historias que contar…

    ¡Sigan así!

  • me gusta tanto escuchar con cual humildad hablan estas personas, pensar que ellos son aun mas felices que gente que tiene dinero y no se contentan con lo que tienen