Guardia de seguridad

Una labor ardua y de responsabilidad


Atrás, en una pequeña finca manabita quedaron los animales y los cultivos, la tierra… Segundo Rodríguez cambió el campo por un cuarto, que arrienda en una de las invasiones de Guayaquil. Madruga como lo ha hecho toda su vida, pero no para ir al desmonte, la siembra o la cosecha, sino para llegar a tiempo al trabajo como guardia de seguridad.

Su imagen es inconfundible en las calles de la ciudadela Samanes 7, ubicada al norte de la urbe. Viste un terno de color negro y camina pausado hasta la garita, en realidad una pequeña choza hecha de palos y cañas, donde deja sus pertenencias antes de recorrer constantemente la cuadra en la que cuida una veintena de casas y una escuela. Cada tanto empieza a correr hacia la reja de entrada para sacar el candado de una gruesa cadena y abrir la puerta a fin de dejar entrar el vehículo de algún morador.

La historia de don Segundo, como lo conocen los moradores del sector, se inició como una de las miles que integran la problemática de la migración campesina hacia Guayaquil y se traslada hasta la metrópoli como parte fundamental del fenómeno de inseguridad que sufre el Ecuador.

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Nunca acabó la primaria y desde niño acompañó a su padre en las duras tareas de su pequeña finca, en el recinto El Carmen, de la parroquia La Unión, en el cantón Jipijapa.

En el campo se dedicaba a la agricultura igual que su padre. “´Él tenía cafeteritas (así denomina a los cultivos de café). En los buenos tiempos también cultivaban yuca, verde, guineo, fréjol, maíz y arroz”, recuerda mientras sonríe y dice que hubo un tiempo en que vivían bien, ayudados de las cosas que sembraban”.

Añade que luego llegó “un tiempo de sequedad, las matitas se arruinaron y tuvimos que migrar a la ciudad para encontrar mejores días o peores -enfatiza- porque cuando uno sale a otro lado se encuentra algo diferente, nunca es igual que estar en la tierra natal”.

Sin embargo, la decisión final fue impulsada por la disgregación que sufrió su familia luego de que su esposa lo dejara tras 16 años de convivencia. En su memoria se diluyen los motivos de la separación, pero puntualiza que ella le pidió que repartieran a los hijos. Le dije que no porque no son animalitos, no son pichones, y que los hijos necesitan tener a su lado al papá y la mamá”.

Su rostro se entristece cuando menciona que “en un momento de coraje” se fue llevándose a tres niñitos con ella. Los otros tres se quedaron con él.

Don Segundo interrumpe su relato mientras hace esfuerzos para vestirse en los escasos 2×4 metros de su cuarto. El espacio de la cooperativa Voluntad de Dios por el que paga 35 dólares mensuales, es uno de tantos de la casa, una edificación de tres pisos, en los que habitan más de 10 familias.

Al ingresar al lugar, un intenso olor a humedad dada la ausencia de ventanas golpea los sentidos. Los enseres, la ropa, una vieja refrigeradora, un baño -que ocupa casi la cuarta parte de la vivienda-, y tres colchones apilados como una improvisada cama, le restan espacio.

Tras arreglarse su corbata casi de memoria, pues carece de un espejo, aparta un cordel en el que tiende su ropa y toma de un armador su única leva para el oficio. En un costado reposa una vieja guitarra, antigua compañera de las fiestas y veladas, ahora luce abandonada debido a que el trabajo ocupa su principal objetivo.

El abandono familiar y la pérdida de sus cultivos lo impulsaron en el 2000, a sus casi 60 años, a trasladarse a Guayaquil donde habitan sus hermanos y su madre, quien tiene ahora 88 años.

Ya en la ciudad, la única opción que tuvo para sobrevivir fue ofrecerse como guardia de seguridad. “Antes trabajaba en construcción porque me sentía con más ánimo, pero la fuerza se me terminó”.

Pese a todos los obstáculos afirma que su trabajo le gusta. “Si no me gustara no hubiera hecho los sacrificios que he hecho”, menciona. Así cuando vivía en el sector de Las Iguanas caminaba desde Jardines de Esperanza hasta Samanes 7 porque no tenía dinero y debía tomar varios buses. “Me levantaba a las 03:00, luego iba en bus hasta Frenoseguro y de ahí me embarcaba en las líneas 10, la 116 o la 122 para entrar puntual a las 07:00.

En respuesta al por qué caminaba tanto afirma que lo hacía “porque amo el trabajo y, para no quedar mal, no me importaba y venía a pie desde allá”. Muchos de sus amigos no le creen cuando les cuenta sobre el sacrificio que hizo por trabajar, pero afirma tajante: “yo sí lo hice”.

Doce años en el oficio

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Pero este no fue su primer trabajo como guardia de seguridad. Primero trabajó en Samanes 6 durante dos años. “Tenía a cargo una U (herradura) completa, que integraba 60 villas y afuera otras diez”. Se trató de una labor muy dura porque, además de dar seguridad, “era abre puerta y cierra puerta”, labor por la que ganaba 150 dólares mensuales.

Desde entonces este se convirtió en su oficio, aunque lo dejó en dos ocasiones. En la primera volvió acompañado de uno de sus hijos a Jipijapa, con la esperanza de poder retomar las actividades agrícolas. Allí permaneció casi un año, pero por la falta de recursos decidió retomar su puesto de guardia en la ciudadela Samanes 7, en el que permaneció un poco más de cinco años.

Con amargura señala que uno de los principales problemas de su trabajo es ser mal remunerado. Pero no todo es negativo, porque a partir del 2013, el salario de Rodríguez subió a 320 dólares. No tiene esperanzas de que lo afilien al IESS, aunque “le han contado” que sí puede hacerlo antes de que cumpla 75 años. Además, señala que hay una vecina que busca rehacer la caseta y mejorar las condiciones para la seguridad.

A pesar de ello, y posiblemente producto de sus años, don Segundo toma su labor de guardián con gran sentido de responsabilidad y orgullo. Un reflejo de ello es su imagen. En las madrugadas, al ir a trabajar o en las tardes al retirarse, su presencia es inconfundible. Con paso lento, pero firme acude a su sitio de trabajo completamente enternado, con camisa, corbata y leva, que reemplazan la falta de un uniforme de trabajo.

“Vengo enternado porque el sargento Cabello, un vecino, me regaló hace unos años unas camisas y unos pantalones. Riendo, dice que “cuando vienen los militares del colegio Teniente Hugo Ortiz me dicen, oye, ¿dónde es el baile?, ¿dónde es la fiesta?. Les respondo: trabajo de guardia y no voy a fiestas”.

Un carnet otorgado por la Policía Nacional completa su imagen. El documento lo acredita como guardia entrenado y lo dota, además, de un chaleco naranja fosforescente, el cual no deja por ningún motivo aunque ponga la nota discordante bajo el elegante terno que luce a diario.

Recuerda que antes la Policía hacía rondas nocturnas para ver si los guardias estaban dormidos. Siempre atento, don Segundo los veía cuando llegaban hasta su puerta, él corría y les abría. Por eso se hicieron sus amigos. Fue el subteniente Carlos Álvarez y otros policías, afirma, quienes lo impulsaron a seguir el curso dictado por la UPC del sector.

“Me entregaron un manual para que estudiara y me daban la vuelta para tomarme examen”. Finalmente en el mes de octubre del 2012, nos incorporamos 30 guardias de seguridad. Ahí me dieron una credencial y este chaleco. Lo cuido y me lo pongo porque me ha costado muchos sacrificios. Esto no es así nomás que me lo dieron, he pasado por muchas cosas para obtenerlo”, comparte con orgullo.

Tan comprometido está con su labor, que esta continúa más allá de la jornada. Los días domingo, que tiene libre, “me voy al centro para observar a la gente y aprender qué está pasando”, pues así aplica el manual de entrenamiento que le indica que siempre debe ser observador.

Curiosamente ve a las familias a las que cuida como la suya propia. “Ellos cuentan con el guardia, es como si fuéramos el papá o la mamá y hay que cuidarlos”, indica.

Lamenta que por disposiciones legales no pueda usar armas como lo hacía cuando se inició en el oficio. “Sí quisiera un arma, no para matar pero al menos para hacer un disparo al aire. Con eso el ladrón puede migrar”.

Pese a que reconoce que actualmente los delincuentes “andan bien armados”, él no tiene miedo si en alguna ocasión se enfrenta a la muerte. “Si fuera joven, sí, pero ya tengo 72 años y sería como irme a descansar tranquilo”, dice acongojado porque aún sueña con el campo, pero desearía que hubiera más apoyo para la agricultura en el país.

“Si no hubiera ido tan mal, jamás habría salido de mi tierra. Seguramente estaría mejor allá que acá, porque entre todos nos apoyaríamos, en familia”, asegura mientras se pierde en los recuerdos de su natal Jipijapa, donde junto con su padre y hermanos cosechaba la pepa negra que hizo famoso a este cantón y que le dio el nombre de la Sultana del Café.

Cifras

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en Ecuador, en 1950 la población urbana urbana era del 29% y la rural del 71%. En el 2001, los habitantes rurales eran solamente el 39% de la población del Ecuador y los urbanos llegaron al 61%.

El censo del 2010 determinó que la población urbana del Ecuador es de 9’090.786, es decir un 62,7% mientras que la rural es de 5’392.713, o sea 37,2%

Segundo Rodríguez es una de las 3’407.951 personas que segun el censo del INEC del 2010 carecen de Seguro Social en Ecuador.

La personas de entre 70 a 75 años en el Ecuador suman 240.091 es decir el 1,7% de la población total.

La escolaridad en Ecuador es de 10,9 en el sector urbano y 7,2 en el sector rural

El 4,7% de la población del Ecuador tienen un cuarto como vivienda.

En junio del 2012 el ministro coordinador de Seguridad, Homero Arellano, informó a la Agencia oficial Andes que en Ecuador hay 57.000 guardias de seguridad registrados, con salario establecido y seguridad social, pero se estima que hay otro grupo que trabaja en la informalidad, aunque no precisó cifras.

Comentarios

  • Muy buen artículo.
    Sin ataduras las cosas son mas fáciles.

    • claro te conviene, poco hombre. tehubiera gustado que a tu madre le ofrescan esa vida???… a una mujer no le gusta la aventura y juego, le gusta el compromiso, solo los que quiere gozar y usar a una dama pifen eso y les parece bueno.. solo que te lo pidan da coraje si fueras mujer no creyeas eso q es tan facil

    • julio mosquera

      estoy de acuerdo con usted

  • PAREJAS BENDECIDAS Y MATRIMONIOS CRISTIANOS decimos NO a ¿Amigos con Derecho?,
    LOS INVITAMOS A LEER NUESTRO ARTICULO AQUI https://www.facebook.com/photo.php?fbid=395449843838012&set=a.395283640521299.83196.224211347628530&type=1&theater

    • julio mosquera

      cada vez somos mas…… y espero seas tolerante como nosotros somos tolerantes asia ustedes…..

  • Javi

    Que cada persona haga lo que crea conveniente, siempre y cuando no perjudique a nadie… Adelante.

  • exponen su vida por los demas y gana tan poco, ganaran lo mismo los guardias del presidente correa??? 150 dolares?lo dudo… ellos deberian ser remunerados bien

  • se lo inventaron los hombres para sacaar provecho de tener sexualmente a una mujer sin darle nada serio ni estabilidad, la mujer acepta por diversion pero luego sale lasytimada mientras el queda como si nada.. una mujer que acepta eso no se respeta ni se valora un hombre que propone eso, no es hombre.

  • Pepe Torres

    Este tipo de conceptos, Relaciones “con derecho” es lo mismo que utilizan los “cabeza vacia” para darle mas popularidad a su DISCOTECA, simplemente le cambian en “NOMBRE”. Pero en el fondo juegan con fuego y siempre uno sale quemado de algo que no puede definir.

  • julio mosquera

    viva la libertad

  • Maria Magdalena Campos Garcia

    Ups a veces es doloroso ya que como dice el articulo uno llega a enamorarse y eso pasa mas a las niñas. Los hombres no porque la verdad son mas prácticos ellos solo ven la atracion y deseo. Y no es que lo permitamos pero pensamos que ustedes también se van a enamorar.