Artesano de balones de índor


El juego de índor con la tradicional pelota de cuero ha ido perdiendo espacio en las calles de Guayaquil. Quienes practican este deporte prefieren ahora balones más livianos y que sean fáciles de dominar para burlar a los rivales.

Este deporte, con el balón artesanal, tuvo gran acogida en la década del cincuenta por la clase media en la ciudad.

Artesano de balones de índor

Entre semana se pactaban los encuentros que se jugaban los sábados una vez finalizada la jornada laboral, recuerda Luis Chóez Obando, quien tiene más de cinco décadas en la elaboración de balones de índor.

Chóez rememora que entre amigos y conocidos se formaban dos equipos, cada uno con cinco personas, y con arcos hechos de piedras o palos comenzaban los partidos que duraban entre 10 y 15 minutos o quien marcara los dos goles con los que finalizaba el encuentro.

Artesano de balones de índor

Luis Chóez Obando, de 68 años, cuenta que él se inició en este oficio a los 8 años en el taller ‘Súper Balones Chóez’, de su padre Luis Chóez López; el local se encontraba en las calles García Moreno y Aguirre.

Con las instrucciones de su progenitor, quien fue uno de los primeros artesanos en la Costa en fabricar estos balones, a partir de la década del cincuenta, y con la ayuda de sus tíos y primos, llegó a convertirse en maestro. Recordar este episodio le causa tristeza, ya que siempre consideró a su padre como un amigo.

Chóez Obando relata que a los 14 años, sin indicaciones de su padre, tomó la mordaza para sujetar los paños (figura geométrica con forma de hexagonales y pentagonales) y con la ayuda de las manoplas (guantes de cuero que son para sujetar el hilo) agarró las agujas, el hilo y empezó a coser; en una hora ya tenía hecho su primer balón.

Artesano de balones de índor

Una vez finalizada la semana, él junto con su padre tomaban un saco de yute y entregaban los pedidos -que eran de 4 a 5 docenas de pelotas- en las casas deportivas El Prado, Soria y Spencer, sus mejores clientes en aquella década.

“Las casas deportivas hacían muchos pedidos en verano (antes del 25 de julio que se celebran las fiestas patronales de Guayaquil)”, dijo Chóez Obando. “En aquella época se cerraban las calles del centro para celebrar las fiestas y uno de los juegos era el índor. Nuestros balones se diferenciaban porque mi padre les ponía el sello de Súper Balones Chóez”.

Artesano de balones de índor

Luego de los partidos, los peloteros se reunían a un costado de la calle o en las esquinas para recordar las jugadas que pudieron terminar en gol y para refrescarse con una bebida gaseosa o unas cervezas.

De aquellas reuniones nacieron las grandes amistades, los compadrazgos y algunos pudieron enamorarse de la señorita que pasaba por la acera, recuerda Chóez. “Cuando las mujeres pasaban, era una costumbre detener el balón”, rememora.

Con el pasar de los años, el índor empezó a desaparecer de las calles del centro debido a las sanciones por cerrar la vía pública -por parte de la Comisión de Tránsito y del Municipio de Guayaquil- y porque ahora hay canchas sintéticas y parques donde se permite la práctica de este deporte.

Artesano de balones de índorndor

Además, el incremento de los precios en la materia prima para fabricar los balones de cuero hizo que los artesanos buscaran un material sintético. Actualmente se elaboran los balones con cuerán.

“Cuando me inicié, una pelota se armaba con 6 paños (de cuero), luego 18, 24 y ahora son 32 (de cuerán). (Antes) se utilizaba la piola de nailon número 12 y ahora es la 19”, detalla el maestro Chóez, que en sus inicios armaba 5 pelotas al día y ahora hace 3 en su taller ubicado en la calle Aguirre 1724 y José Mascote.

Como el negocio ha ido decreciendo en los últimos años, Chóez ha buscado otras alternativas para subsistir. La reparación de balones de fútbol y la venta de gaseosas son otros de sus ingresos, mientras continúa con la confección de los balones.

Artesano de balones de índor

Chóez indica que sus hijos no sintieron la misma curiosidad que él tuvo cuando era pequeño, por lo que no hay sucesor en lo que él se dedica.

“Aprender esto no es fácil, aquí vinieron varias personas en la época de mi papá y no pudieron”, revela Chóez, y considera lamentable que jugar con el balón que él fabricaba haya perdido el interés que tenía en décadas pasadas.

“Sé que en algunas partes de los suburbios (aún se practica el índor) con esta clase de balones”, dice.

Comentarios

  • Paco Aycart

    Los mejores balones para la práctica del índor

  • Jaime Almeida

    saludes desde los Angeles ,California para mi gente de mi querido barrio Aguirre y Garcia Moreno y Clemente Ballen. Jaime Almeida