
Tenía 17 años, caminaba por La Bahía y los vi. Inmediatamente supe que debía tenerlos. Amor a primera vista dicen. Así conocí a mis primeros Converse. Bueno, por lo menos eso pensé. Luego mi mamá mató mi sueño diciéndome que en los ochenta esos “eran los zapatos” y evidentemente ella, como madre novelera, me los compraba para que estuviera in.
Pero volviendo a la historia, aquellos “chuzos” tipo botines, con llamas al estilo Hot Rod a los lados, llamaban la atención de todos por donde anduviera. Eran cómodos, personalizados y baratos; me costaron $27 luego de un largo discutir con el vendedor. Desde entonces no he usado otro tipo de zapatos -y no es que no lo haya intentado- y por ahora no pienso hacerlo tampoco.
Los Converse vienen haciendo camino desde hace más de 100 años cuando fueron creados por Marquis Mills Converse, un empresario estadounidense que desde un principio se planteó ser una firma original, y su lema fue: “ser lo suficientemente independientes como para no seguir a las otras compañías en todo lo que hacen”.
Amo mis Chucks
Una década después, Chuck Taylor se sumó al diseño de las Converse. Él era un vendedor de zapatos y aficionado al baloncesto. Quería que todos los jugadores de este deporte usaran zapatos cómodos y así fue que en el campeonato de baloncesto de la NCAA (la Asociación Nacional Atlética Colegial por sus sigla en inglés) en 1939, los deportistas compitieron usando zapatillas Converse.
Hasta ahí todo deporte y comodidad, pero los “chuzos” no llegaron al ‘mainstream’ hasta las décadas de los 70 y 80, cuando las estrellas de rock empezaron a usarlos.
Los miembros de la banda de punk rock norteamericana The Ramones los usaron sobre el escenario y desde entonces ya nada fue igual. En ese momento se convirtieron en el calzado casual perfecto.
No hay nada igual
“Es imposible encontrar zapatos negros con morado y calaveritas. Eso no existe”, dice Nata Vergara, cantante de la banda The Cassettes y productora de sonido. “Estos fueron los últimos Converse que me compré y son así”.
“Puedes combinarlos con una falda, con un pantalón. Ponerte uno negro y otro rojo. Te dan esa libertad que otros zapatos no te dan. Representan la libertad de cada generación. Mi papá los usó, yo los uso y ahora los adolescentes y jóvenes los siguen usando”, comenta Nata.
No confíes en gente que tiene los Converse limpios
Luis Grunauer, bloguero venezolano de 25 años, entra apresurado a una tienda de zapatos. “Voy a ver mis placeres culposos”, dice. Se acerca a la percha y no ve nada nuevo. Gira la cabeza y nota una percha donde los ‘Chucks’ están en ediciones especiales. Agarra unos y dice: “Mira, estos vienen preensuciados”. Les da la vuelta y alcanza a ver la etiqueta que tiene un precio de $165 dólares. “No pana eso es mucha plata”, vocifera.
“Dame unos Chucks clásicos y en un par de días te los tengo así y no te cobro”, comenta Giancarlos, otro amigo que había entrado con él a la tienda.
“Lo que sí te puedo decir es que no puedes confiar en alguien que tenga los Converse limpios”, agrega Luis.
“¿Por qué?”, contesta el amigo.
“Sencillo. Alguien que se preocupa por mantenerlos limpios se preocupa demasiado de cosas insignificantes. Se complica por detalles. Siempre mira primero los Converse”, concluye.
En esto coincide con lo que dice Kenneth Carrera, productor audiovisual 24 años, quien posee una colección de 10 pares de Chucks y uno de Venus personalizados.
“Los Converse reflejan tu personalidad”, dice mientras agarra un par de Chucks clásicos que se ve solían ser negros, pero ahora son más bien grises. Con la suela rota y agujeros por todos lados. “Estos son los primeros que tuve. Me los regaló mi papá viendo que no quería usar zapatos de ‘gente normal’ y a él le parecieron bonitos. Debería haberlos botado hace tiempo pero no puedo. Así soy yo. Tiendo a apegarme a las cosas.”, asegura.
¿Un estereotipo?
Muchos dicen que estos zapatos son los de los creativos o de los artistas y que, al ver a alguien vestirlos, lo reconoces ‘de una’. “Yo no creo que sea tanto así”, dice Nata. “Mi hermana los utiliza y es bióloga. El papá de mi bajista los usa y es profesor. Yo creo que cuando los ves puestos en alguien ‘tasas’ que puedes relacionarte con esa persona porque es descomplicada”.
“Si yo veo una chica con sandalias, pues siento que no vamos a tener nada de qué hablar”, comenta.
“Siento que a veces se hace a propósito”, expresa Kenneth. “Por ejemplo, vas a una entrevista de trabajo con una camista, jeans y Converse para que vean que eres un poco informal y que no te complicas demasiado. Dependiendo del tipo de trabajo eso te puede beneficiar. Yo creo que no todas las etiquetas son malas”, concluye.
Los zapatos hablan de las personas. Cómo caminan, cuánto caminan, qué tan cuidadosos son. No es solo cómo se hace el camino sino con qué. A mí siempre me acompañan mis Chucks.
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