Créditos
- Texto: Juana Von Buchwald
- Fotos: Juana Von Buchwald/ Eduardo Adams
- Video: Eduardo Adams
Ser bella duele en las noches de la discoteca Zona Caliente, en Rocafuerte y Padre Aguirre. Transformarse en una exhuberante mujer de rasgos exagerados para Ricardo Herrera, de 40 años, tiene su precio, en especial cuando no se posee una cintura de avispa, labios carnosos ni pechos voluminosos. Eso en el mundo de los drag queens no es un impedimento.
Herrera interpreta a Darangeles Smith, un drag queen que presenta su show los jueves, viernes y sábados. Para él crear una cintura no significa un problema, sabe cómo hacerlas, usa cinta de embalaje con la que aprieta su torso hasta formar las curvas. Lo mismo ocurre con sus improvisadas caderas, de las que prefiere no hablar, porque no quiere revelar cuál es su secreto.
Xavier Vera, quien organiza este tipo de espectáculos desde hace siete años, dice que el dar forma al cuerpo masculino “es lo más fuerte de la transformación” pues en ocasiones se reducen hasta 20 centímetros de cintura con cinta de embalaje y el uso de fajas, lo que implica mucho dolor.
El show empieza a las 23:30 y termina un poco antes de las 01:00. Su transformación no es sencilla, eso lo saben muy bien Ketsia Borosky y Caridee, otros dos drag queens que acompañan a Darangeles en el espectáculo.
Y el ritual dura más de una hora. Darangeles, que lleva más tiempo haciendo el papel de drag queen, da indicaciones de lo que utilizan. Una buena base para el rostro es esencial; así lo sugiere Darangeles, quien asume su papel de “reina de la noche” desde que ingresa al camerino.
En su transformación lo acompañan Ketsia y Caridee. Entre ellos comparten sus secretos para obtener un buen maquillaje mientras miran el espejo.
Nada los detiene. Cubren sus gruesas cejas con varias capas de base, luego agregan unas líneas más delgadas. Sus ojos ahora lucen más vistosos, bañados unos con sombras verdes y otros de color morado. A estos agregan largas pestañas postizas pegadas con una goma ultraresistente para que no se desprendan fácilmente.
Una vez maquilladas viene una de las partes más difíciles, además de colocarse la cabellera, es esconder su órgano viril. Darangeles lo hace con mucha precaución para evitar lastimarse. Para ello utiliza un interior ajustado pero también suele cubrírselo con cinta de embalaje.
Luego vendrá el corsé y el vestido. Al final se coloca la peluca.
Están listos para el escenario. Ketsia Borosky utiliza un vestido plateado que contrasta con su bronceada piel y la sombra lila de sus ojos. Darangeles elige uno verde, el que complementa con tacones, collares y pulseras.
El espectáculo debe comenzar
Son las 23:30. Ketsia sube al escenario, una luz la alumbra mientras dobla una canción del dúo mexicano Jesse y Joy ante un público que corea “tu libreto de siempre tan predecible ya me lo sé, así que corre, corre corazón de los dos tú siempre fuiste el más veloz, toma todo lo que quieras que mis lágrimas jamás te voy a dar”.
Darangeles, en cambio, elige ‘Cuando tú vas’ de la cantante española Chenoa. El público aplaude con entusiasmo ambas actuaciones que dan paso a un concurso interactuado con los asistentes.
La comicidad es satírica y en ocasiones alude a la sexualidad de los presentes. Darangeles explica que no es ofensivo este tipo de comentarios pues se los hace de una “forma jocosa y a la gente le gusta”.
Cristian Benites, quien también interpreta al drag queen Aqua, indica que en el teatro heterosexual se exageran las cualidades de una mujer; asimismo el gay aprendió a hacer comicidad desde su propia óptica. “No podíamos ponernos en el plano de tratar con pinzas los temas de comedia para la comunidad GLBTI, porque nadie se iba a identificar, pero en cambio si yo le digo ‘demenestrado’ al hombre que recién está tratando de iniciar un proceso de cambio de heterosexual a bisexual o gay, él sí se va a identificar o se va a reír porque estamos usando los términos que uno usa en el diario vivir”.
El encargado artístico del desfile por el orgullo Gay, Xavier Vera, en cambio, señala que el espectáculo de drag queen que ofrece en su bar concert Nine (Baquerizo Moreno y Padre Solano) se enfoca más en interpretar obras teatrales musicales.
Una de las últimas obras que presentó fue ‘Falta una estrella’, de Emma Shapplin, que es la interpretación de un alma en pena que busca liberarse y recuperarse de su tristeza. “Usamos como escenarios telas, jugamos con bastante iluminación, efectos de cámara de neblina. El artista se dirige hacia el público en un montaje escénico, donde el drag queen hace una fonomímica de la artista”.
Esta obra fue presentada por el drag queen Atenea y según Vera, quien dirige este tipo de espectáculos desde hace siete años, la caracterización de este personaje ha conmovido tanto al público que en ocasiones “ha brotado más de una lágrima”.
La fonomímica, resalta Vera, es lo más difícil de interpretar para una drag, así como la caracterización del personaje, ¿por qué? Porque no cantan pero su gesticulación tiene que demostrar que sí lo hacen, de tal manera que el espectador dude si realmente es o no la voz.
Pero y ¿qué significa para una drag queen interpretar un papel?
Ricardo Herrera, quien interpreta a Darangeles, asegura que para él es una forma de desestresarse, de olvidarse de sus problemas, aunque también reconoce que le representa un ingreso económico.
Los shows y sus costos
El inicio del teatro drag en Ecuador se dio en Quito, a principios de la década del noventa, en el café Dionisio mientras que en Guayaquil siempre hubo el show transformista, explica Vera.
Ahora bien hay una diferencia entre lo que es el show transformista del drag queen. Para Vera, quien tomó un curso de montaje escénico, el show transformista emula o quiere caracterizar un rostro femenino mientras que el drag queen es un personaje femenino con rasgos un poco exagerados.
El término drag queen surge como un complemento en las producciones teatrales de burlesque, vaudeville, extravaganza y travesti, las cuales datan de mediados del siglo XIX y se lo asocia a estar “vestido como una chica” o “dressed as a girl”, de allí el acrónimo “drag”. Incluso el dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616) en sus obras teatrales utilizaba hombres que se vestían como mujeres para interpretar los roles femeninos, debido a que en esa época estaba prohibido para las mujeres actuar en un teatro.
Estos comúnmente interpretaban a reinas y mujeres de la nobleza.
Vera refiere que este espectáculo nació como una subcultura en la década de los setenta, que se fue perfeccionando en los ochenta, cuando en algunos locales salían los llamados “vampiros”, a los que les gustaba salir a divertirse en la madrugada. ” A manera de distracción y para contentar a su público, en especial en San Francisco (Estados Unidos) y Londres (Inglaterra), comenzaron a crear estos shows transformistas”.
De hecho, dice Vera, en la década de los setenta muchos gays se vestían como Gloria Gaynor, o Liza Minelli, casi siempre de una manera exagerada.
Uno de los primeros drag queen que se presentaron en Guayaquil fue Wagner Basilio, anterior propetario de la discoteca Vulcano.
Este tipo de espectáculos actualmente se presentan en Zona Caliente (antes Vulcano), Nine (antes Queer) e Ibiza.
En un show una drag queen puede ganar por presentación entre 50 y 200 dólares dependiendo de la discoteca.
Los espectáculos no solo se ofrecen allí. También brindan shows en quinceañeras, en las despedidas de soltería y cumpleaños.
Darangeles y Atenea (experto en bate cabello, técnica que consiste en menear la cabeza sin que se caiga la peluca), fonomímica y caracterización de personajes, indican que en promedio por traje, incluido los zapatos y accesorios, aproximadamente invierten unos doscientos dólares. Lo más caro suele ser la peluca. Una de pelo sintético cuesta $50 mientras que las reales cerca de $100.
Aqua, Darangeles y Atenea coinciden que es mucho más rentable ofrecer sus shows al público hetereosexual. “Están dispuestos a pagar lo que sea por llevar un show que vieron en una discoteca gay, a su casa o a cualquier evento, un heterosexual invierte más, algunos por la curiosidad”, expresa Aqua.
La presentación de cuarenta minutos, según Aqua, promedia los $300, que incluye animación, concurso con los invitados y una interpretación, pero si se extiende a más de dos horas puede costar hasta $600.
Contentar a su público es el sueño de toda drag queen. Sin una buena audiencia, para Aqua, Darangeles, Ketsia, Caridee y Atenea su transformación no sería la misma, no habría show.
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